SER COMO EL RÍO QUE FLUYE
“Un río nunca pasa
dos veces por el mismo lugar”, dice un filósofo. “La vida es como un río,” dice
otro filósofo, y llegamos a la conclusión de que esta es la metáfora más
aproximada al sentido de la vida. En consecuencia, será bueno recordar que:
- Siempre estamos ante la primera vez. Al recorrer el camino que va desde nuestro manantial (o nacimiento) a nuestro destino (muerte), los paisajes son siempre nuevos. Debemos encarar todas estas novedades con alegría, y no con miedo, porque de nada sirve temer lo que no se puede evitar. Un río no deja nunca de correr.
- En un valle, andamos más despacio. Cuando todo a nuestro alrededor se vuelve más fácil, las aguas se calman, nos volvemos más amplios, más largos, más generosos.
- Nuestras márgenes son siempre fértiles.
La vegetación sólo nace donde existe agua. Aquél que entra en contacto con
nosotros, debe entender que estamos allí para dar de beber a quien tiene
sed.
- Hay que esquivar las piedras. Es
evidente que el agua es más fuerte que el granito, pero necesita tiempo.
De nada sirve dejarse dominar por obstáculos más fuertes, o intentar
batirse contra ellos, pues gastaremos energía en vano. Lo mejor es saber
dónde se encuentra la salida, y seguir adelante.
- Las depresiones necesitan de paciencia.
De repente el río entra en una especie de hoyo, y deja de correr con la
alegría de antes. En esos momentos, la única manera de salir es contar con
la ayuda del tiempo. En el momento preciso, la depresión se llena, y el
agua puede seguir adelante. En lugar del hoyo feo y sin vida, existe ahora
un lago que los demás pueden contemplar con alegría.
- Somos únicos. Nacemos en un lugar que
estaba destinado a nosotros, que nos mantendrá siempre alimentados de agua
de modo que, frente a obstáculos o depresiones, podamos tener la paciencia
o la fuerza necesarias para seguir adelante. Comenzamos nuestro curso de
manera suave, frágil, hasta tal punto que una simple hoja puede
detenernos. Sin embargo, como respetamos el misterio del manantial que nos
engendró, y confiamos en su Eterna sabiduría, poco a poco vamos ganando
todo lo necesario para recorrer nuestro camino.
- Aunque seamos únicos, pronto seremos
muchos. A medida que caminamos, las aguas de otros manantiales se acercan,
porque aquél es el mejor camino a seguir. Entonces ya no somos uno solo,
sino muchos, y hay un momento en que nos sentimos perdidos. Sin embargo,
“todos los ríos van al mar.” Es imposible permanecer en nuestra soledad,
por muy romántica que esta pueda parecer. Cuando aceptamos el inevitable encuentro
con el agua de otro manantial, al final entendemos que eso nos hace mucho
más fuertes, esquivamos los obstáculos u ocupamos las depresiones en mucho
menos tiempo, y con mucha más facilidad.
- Somos un medio de transporte. De hojas,
de barcos, de ideas. Que nuestras aguas sean siempre generosas, que
podamos siempre llevar hacia delante a todas las personas o cosas que
pudieran necesitar de nuestra ayuda.
- Somos una fuente de inspiración. Y por
lo tanto, dejemos a un poeta brasileño, Manuel Bandeira, las palabras
finales:
Ser como el río que fluye
Silencioso dentro de la noche.
No temer las tinieblas de la noche.
Si hay estrellas en el cielo, reflejarlas.
Y si los cielos se cubren de nubes,
Como el río, las nubes son agua,
Reflejarlas también sin amargura
En las profundidades tranquilas.
Paulo Coelho
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