
LOS ACRÓBATAS CHINOS
Hace muchos años fui
a ver un espectáculo de una compañía de acróbatas chinos. En aquella época
China no era la potencia económica que es actualmente y estos acróbatas no
disponían de la infraestructura y el despliegue que podríamos ver hoy en un
espectáculo similar. Sólo se presentaban de una manera simple y sencilla, en el
pequeño escenario de un teatro, una sucesión de asombrosos números de
acrobacia, equilibrio y malabarismo.
Desde mi asiento en la primera fila podía apreciar cada detalle, y me sorprendió ver que los acróbatas tenían el aspecto de personas comunes. Eran hombres y mujeres jóvenes que seguramente en otras circunstancias, en su país, no llamarían demasiado la atención. Pero habían logrado desarrollar ciertas destrezas increíbles con un grado de perfección que si no lo hubiera visto con mis propios ojos hubiera pensado que era imposible de alcanzar.
Seguramente hubo un momento en la vida de estos acróbatas en que aún no habían desarrollado sus talentos. E incluso ya siendo profesionales, al comenzar los ensayos para un nuevo espectáculo probablemente muchas cosas les salieran mal y deberían repetir sus movimientos innumerables veces hasta desarrollar una nueva habilidad.
Es que la clave para dominar cualquier arte, además de tener talento y condiciones, es el entrenamiento y la perseverancia para poder desarrollar ese potencial latente.
Bien. Creo que también nosotros estamos llamados a aprender a llevar a cabo un pequeño milagro personal, una maravillosa destreza que al principio puede parecernos tan difícil como las de los acróbatas chinos… pero que es nuestro destino dominar plenamente porque fuimos creados con los dones necesarios para cumplir esa misión.
Este video no es el más espectacular que puede encontrarse
en YouTube acerca de acróbatas chinos, pero sí me recuerda la sencillez de
aquel espectáculo que presencié.
Cuántas veces se habrá caído esa mesa durante
los ensayos!
El despertar de la consciencia
Casi siempre
actuamos de manera mecánica, sin apreciar el instante que estamos
experimentando. Nuestra atención es captada permanentemente por el constante
flujo de nuestros pensamientos, sobre todo cuando realizamos las actividades
cotidianas… es decir, la mayor parte del día. Y todo el tiempo nos perdemos la
única experiencia real a nuestro alcance: vivir intensamente el momento
presente.







