Lo
que más le cuesta al ser humano es lo que lleva en sí mismo la
solución, pues hay que esforzarse, trabajar y arriesgar. Tememos a
las adversidades, a las crisis, a los cambios, pero sin ellos no
habría crecimiento, creatividad ni avance social, ni personal.
Para
todo esto rescatamos una palabra que apenas era conocida y que está
en pleno vigor hoy en día se trata de la palabra RESILENCIA.
Se
define como la capacidad para afrontar la adversidad. Es algo así
como la ductilidad de un mineral, o cualquier otra sustancia, para
romperse o adaptarse.
El
término “resilencia” viene de la palabra resilio, que significa
“rebotar”, en el sentido de coger impulso ante una caída.
Es
una capacidad que se aprende, no es necesariamente innata y que
depende de la actitud, de la voluntad, de la creencia en uno mismo y
sus posibilidades, del afán de no ahogarse en los problemas.








