A VECES, LA SOLUCIÓN ES RESPIRAR
Hay un momento en el que te das cuenta de que no puedes
hacer nada. Nada más. Que hagas lo que hagas el resultado no va a cambiar,
porque no está en tus manos, porque no depende de ti. Ese instante en el que
ves claro que no puedes luchar contra el viento y que por más que insistas nada
va a ser como deseas.
Es como si la vida te dijera «no es por ahí» y sabes que cualquier intento de persistir no solamente es una pérdida de tiempo sino un desgaste de energía y de recursos internos que solo te lleva a más dolor y frustración. Un dolor que se añade al dolor de todavía tener que aceptar que hay cosas que no son, que no pasan, que no están por más que desees que estén.







