CUANDO EL ALMA GRITA… NO PUEDO MÁS!
Yo creo que a todos los seres humanos en algún momento de su vida su esencia, su espíritu, su alma les ha dicho: no puedo más.
Cada cosa que hemos
experimentado, forma parte de todo nuestro proceso de evolución sobre esta
tierra porque somos lo que hemos vivido. Cada circunstancia nos ha hecho más
fuertes o más débiles, más sensibles o más duros, más alegres o más tristes,
más impulsivos o más conscientes, más desconfiados o más creyentes, más sabios…
más humanos y más espirituales.
Y a la final, somos el resultado de nuestras decisiones.
El cansancio del
alma cuando llega y nos toca lo reconocemos fácilmente, empieza por una gran
sensación de vacío y a continuación surge la pregunta ¿qué hago aquí? y luego
la duda ¿igual este no es mi sitio?
El cansancio del
alma no es por una sola causa es la suma de muchas pequeñas causas que se van
quedando sin darle soluciones, por mirar fuera en vez de hacia dentro y sabemos
que ese cansancio ha llegado porque lo que se ha cansado es la ilusión, los
sueños, las ganas de vivir, las ganas de amar e incluso las de ser amado… nos
sentimos tremendamente solos y nada nos reconforta, no encontramos salida, no
sabemos cómo reparar el alma.
El alma se cansa por
acumulación, se cansa cuando el vaso rebosa, porque no le hemos prestado
atención mientras se estaba llenando.
Se cansa de ceder y
ceder
Se cansa de buscar y
no encontrar
Se cansa de dar y
nunca recibir
Se cansa de escuchar
y no sentirse escuchado
Se cansa de amar y
no ser amado
Se cansa de callar
por no molestar
Se cansa de vivir la
vida de otros y no la suya
Se cansa de no ver
la salida
Se cansa de llorar
en silencio
La lista de
situaciones, experiencias y sucesos por lo que se nos cansa el alma es
interminable, personal e intransferible y distinta a otro ser humano. En
definitiva, uno se cansa hasta de sentirse cansado.
Cuando se nos cansa
el alma, nos sentimos vacíos, solos, desamparados, vulnerables, tristes y
desmotivados.
Es un dolor que nos
cuesta mucho identificar y para el que no tenemos número de emergencia. Es el
producto de ciertas huellas en ese camino que llamamos vida, que oprimen el
pecho, produciendo un dolor enorme y profundo, así es el dolor del alma.
Algunos de los
síntomas pueden ser:
• Nos sentimos
perdidos, abatidos y extremadamente tristes
• Creemos estar
solos
• No conseguimos un
sentido a lo que ayer sí lo tenía
• Nos preguntamos
por qué nos pasa esto, en vez de preguntarnos para qué está sucediendo
• Pensamos que nadie
nos puede ayudar y que no hay salida
• Damos por hecho
que el dolor será eterno
• Nos da vergüenza
asumir que hemos tocado fondo y que no tenemos las herramientas para salir de
este trance
• No sabemos cómo
canalizar las emociones y nos volvemos agresivos o nos aislamos
• Nos sentimos
bloqueados
Cuando el alma
llora, cuando grita que no puede más, no sabemos cómo transformar y manejar el
problema para sanarlo. Y no lo sabemos, porque nunca nadie nos ha enseñado que
nuestro espíritu también forma parte de nuestro Ser aunque no podamos palparlo
como un órgano más.
Si supiésemos
mantener a salvo nuestra pequeña porción de vitalidad podríamos recurrir a
nuestra despensa particular y sacar un pedazo. A veces con poco basta. Otras es
necesario vaciar toda la despensa, para rescatarnos del desastre. Lo que sí es
seguro es que la solución, como el problema, está en nosotros. A nadie le
pueden sacar de su escondite si no quiere ser visto. A nadie le pueden inyectar
pasión si su corazón está vacío. A nadie impelerle a la acción si su movilidad
es inexistente.
Cuando a pesar de
todo uno se ve incapaz de remontar sus propias carencias, cuando realmente las
fuerzas no nos asisten y el corazón se resiste a seguir el ritmo
habitual…entonces no tenemos más remedio que acudir a los que se han ido y nos
protegen desde el otro lado de la orilla. No hay más remedio que entonar un
cántico de ayuda alertándoles de nuestra necesidad; el resto está hecho porque
su respuesta es siempre un cabo resistente al que asirnos.
Remontar se
convierte así en un camino que debemos construir nosotros mismos…poco a poco,
no importa el tiempo. Solamente importa lo que día a día ganemos a la
desesperanza y la gran sonrisa que iremos dibujando en nuestro rostro para
regalárnosla al mirarnos al espejo.
La solución viene de
la mano de parar, meditar y hacer los cambios necesarios, para recuperar el ser
nosotros mismos, que por diferentes circunstancias a lo largo de la vida nos
alejamos de ese camino que hemos venido a recorrer.
El camino del
auto-conocimiento, el camino de hacer lo que sentimos y pensamos.
En la medida que no
hacemos lo que sentimos y pensamos, nos alejamos de nosotros, de nuestro
proyecto de vida, de aquello que decidimos hacer cuando tomamos la decisión de
volver a este mundo.
El analgésico para
el alma, es el “darte cuenta” de que existe.
https://lacienciadelespiritu.blogspot.com/2022/10/cuando-el-alma-gritano-puedo-mas.html

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