EL DÍA QUE DEJÉ
DE ANDAR APURADA
Cuando vives una vida con ritmo agitado cada minuto cuenta.
Constantemente sientes que debes comprobar una lista de cosas por hacer y salir
corriendo a alguna parte; aunque trates de distribuir mejor tu tiempo y
atención, y por mas que intentes resolver muchos
problemas a la vez, de todas maneras no te alcanza el tiempo para hacerlo todo.
Así fue mi vida durante un par de años muy locos. Mis pensamientos y
acciones eran controlados por recordatorios de mi teléfono y todo estaba
programado hasta el cansancio por horarios. Y aunque de todo corazón yo quería encontrar el tiempo de encargarme de todo en mi super cargada agenda, no podía
hacerlo.
Pero hace 6 años me llegó del cielo una bendición en
forma de niña sin preocupaciones ni afanes:
– Cuando tenía que irme, ella empezaba a buscar su
corona dorada en
mi bolsa.
– Cuando tenía que estar en alguna parte hace
cinco minutos, ella me pedía atar su muñeco de peluche al asiento del automóvil.
– Cuando necesitaba comer rápido en cualquier
café, ella se quedaba hablando con alguna ancianita que se pareciera a su abuela.






