Albert
Einstein ya nos señaló en su día que la inteligencia y la
intuición siempre deben ir de la mano. Es más, el psicólogo Gerd
Gigerenzer, director del Instituto Max Planck, señala que la persona
intuitiva siempre marcará la diferencia en nuestra sociedad.
Cuando
inteligencia e intuición funcionan en armonía somos capaces de dar
lo mejor de nosotros mismos. De
hecho, conjugando ambas realidades, logramos resolver los problemas
con mayor eficacia. Aún más, es bajo esta combinación cuando las
personas tomamos mejores decisiones porque logramos usar con adecuado
equilibro tanto la razón como el sentimiento.
Ahora
bien, si hay algo bastante común es concebir conceptos como nuestro
coeficiente intelectual y la intuición como dimensiones opuestas.
Es más, algo habitual es entender la inteligencia como ese modo de
operar altamente racional, lógico y hasta analítico, mientras que
la intuición queda a menudo vinculada a un sustrato poco científico
y casi hasta mágico.








