Uf…
No sé ni cómo abordar este tema tan complicado, pero seré
directa. Dicen que no es lo que te pasa sino cómo te tomas lo que te
pasa y es retorcidamente cierto, dolorosamente real, cruelmente
necesario… Eso no significa que quienes nos sacuden fuerte (hay
muchos tipos de sacudidas) no sean responsables de nada, al
contrario, cada uno escoge y tiene que ser consecuente a sus
decisiones. Cada persona vive lo que vive a su manera, he visto
tragedias por uñas rotas y diagnósticos terribles asumidos con una
calma suprema… No es que vivir una dura enfermedad sea lo mismo que
llegar a donde tienes el coche aparcado y ver que no está y se lo ha
llevado la grúa… En la vida hay situaciones muy duras, mucho. No
nos gustan, no las escogeríamos pero están ahí y algunas han
venido a quedarse un buen rato…
Y
tenemos derecho a enfadarnos, a tener un ataque de rabia, a sumirnos
en ese dolor, a llorar y patalear y que ese llanto y pataleo
duren lo que necesitamos que duren… La vida es sentir lo que pasa y
decidir gracias o a pesar de ello. Siempre se aconseja decidir desde
la calma, pero es bien cierto que a veces el impulso de la rabia nos
lleva a decir un no inmenso después de haber claudicado mil veces
ante algo.
Hay
mil cosas que nos pasan que no podemos controlar e intentarlo
no hace más que gastar nuestra energía y hacernos sufrir. Por
tanto, no tiene mucho sentido mirar a otro lado y no aceptar a pesar
de que lo que sucede nos duela. Creo que es un constante equilibrio
entre lo que te pasa dentro y lo que pasa ahí afuera. Escuchar tu
corazón y ver qué te dice la vida. Vivir consiste en
adaptarse al temporal que arrecia y tomar decisiones respecto a él
pero saber que dentro de ti hay un día de calma porque te tienes a
ti mismo…
Por
eso es tan importante conocerse y aceptarse, amarse de forma
incondicional, para que cuando llegue la tormenta, sepas que
encontrarás la forma de vivir a pesar de ella sin perder tu norte y
mantenerte en pie… Aunque tengas que caer unas cuantas veces. Caer
forma parte de levantarse, es tan necesario que si no cayéramos
jamás sabríamos que podemos, que tenemos la fuerza y el empuje…
Hay
lugares a los que debemos ir no por llegar sino para tomar inercia y
luego ir a otros que están más lejos y que nos pillarán entrenados
para seguir adelante.
Somos
como pequeñas barcas en un mar que hoy está bravo y mañana en
calma. El juego consiste en dejarse llevar pero mantener tu rumbo,
aprovechar el viento a favor y enderezarse cuando esté en contra. Lo
complicado de esto es que a veces cuando el temporal es recio y las
olas te llenan de agua la barca no sabes si la vida te está pidiendo
que aguantes, que seas firme en tu decisión de seguir adelante o si
te está aconsejando que des la vuelta y sigas el camino a dónde
llevan las olas… Si lo que está ante ti es para que de una vez por
todas desistas de algo que te está haciendo daño o que te reafirmes
en lo que ya no quieres en tus días…
Es
difícil para mí, como me dijeron que no desistiera nunca… Que lo
intentara hasta el final… Y no es que eso esté mal, ha habido
grandes logros por esa confianza, esa perseverancia… Como realmente
creemos que todo es posible, parecemos tiránicamente obligados a
seguir aunque el dolor de seguir sea tan intenso que no haya
recompensa suficientemente grande.
He
pensado mucho en esto, en sí el temporal que la vida te envía es un
salvavidas para que te des cuenta de una vez y cambies de rumbo y
tomes consciencia de que por ahí no es el camino… O un reto para
que muestres tu poder y seas capaz de seguir y enfrentarte a lo que
más te asusta.
Supongo
que los que estáis leyendo esto queréis una respuesta. Lo siento,
no tengo. No hay fórmulas y quien las venda no sé si es de fiar.
Veo cada día en redes un montón de personas que te cambian la vida
en un abrir y cerrar de ojos con secretos y claves del éxito para
las que sólo hace falta pestañear. Pienso entonces que debo haber
estado perdiendo el tiempo en este camino loco y complicado
intentando comprender y sentir, dándome cuenta de quién soy y cuál
es mi camino.
Yo
no tengo secreto, pero lo que sí puedo es compartir lo que he
aprendido por si es útil en tu mundo, entendiendo que hay muchos
mundos y yo sólo sé del mío y apenas casi nada…
He
aprendido que hagas lo que hagas no importa. Irse o quedarse es lo
mismo… Cambiar de rumbo o seguir pueden ser caminos correctos, lo
que es importante es no sufrir en el proceso. Si
el camino que escoges te hace sufrir, debes cambiar de camino o
aprender a vivirlo de otra forma… Sin
esperar nada concreto, con paciencia, con ilusión, sin desesperación
y vivirlo sintiendo cada momento, estando presente en tu vida, sin
marcharte de ti mismo… (Lo sé, nada fácil).
Lo
que sí que tengo claro es que vivir nuestros miedos acaba siempre
siendo inevitable. Por más que nos escondamos en el lugar más
recóndito, esa situación que tanto nos asusta llegará… Esa
tempestad que no queremos vivir llamará a nuestra puerta. Esto que
parece terrible tiene otra cara, como las hojas de los árboles…
Cuando atraviesas tu gran miedo, a pesar del dolor (siempre hay
dolor) descubres que al otro lado hay una gran recompensa, un gran
respeto por ti mismo… Cuando te ves ante las olas feroces y estás
en ti, tanto si decides seguir tu rumbo como dar media vuelta,
consigues algo precioso que sabes que a partir de ese momento te va a
acompañar… Confianza en ti, respeto por ti, lealtad a ti mismo.
A
veces, la vida no se comprende y no hace falta. Yo le he dado muchas
vueltas y he
descubierto que la vida no se piensa, se siente.
La vida se late y se crea a cada momento. Si piensas demasiado en lo
que significa cada paso, la mente te traiciona y busca una excusa y
una coartada para que no hagas lo que temes y busques ese refugio que
sabes que no te podrá ocultar durante mucho tiempo de ti mismo…
Tus pensamientos de siempre corruptos y tristes salen al ataque te
llevan otra vez a la casilla de salida para que no salgas del metro y
medio en el que siempre te mueves… Tus creencias más rancias te
devuelven te hacen mirar a los horizontes más oscuros y te cuentan
cuentos de terror.
Nos
pasan tantas cosas duras, situaciones dolorosas que nos dejan
agotados y rotos por dentro, pero no somos eso… No somos la rotura
ni el cansancio, ni el dolor, ni la amargura, ni la soledad inmensa
que sentimos cuando todo a nuestro alrededor da vueltas y nos da
coletazos… No somos el enfermo, la desempleada, la víctima, el
pobre, el separado, el fracasado… Somos el que lleva la barca y
decide… No decide lo que pasa, decide cómo navega y a partir de
cómo navega va encontrando otro mar.
No
nos gusta lo que nos pasa muchas veces, pero ahí está y lo
aceptamos, lo sentimos y tomamos decisiones. Decidimos si nos hace
recalcular la ruta o nos reafirma y siempre nos adaptamos y
cambiamos. No nos gusta lo que pasa pero aprendemos a usarlo y darle
la vuelta, a vivir a pesar de ello… A que ese algo dentro de
nosotros que se sabe capaz y confía está en calma a pesar de todo,
a respetarnos a pesar de todo, a no traicionarnos a pesar de todo…
A vivir a pesar de todo.
¿Cómo
se sabe si el camino es correcto?
Me
he hecho tantas veces esta pregunta y más últimamente… ¿Cómo
saber si cuando decides seguir adelante con tu plan de vida a pesar
del temporal estás siendo honesto contigo, si no te estás engañando
y persiguiendo algo que no existe? ¿Cómo saber si cuando desistes
es una opción inteligente para abrirte a otras posibilidades o es tu
miedo que te ha convencido para virar el barco?
Yo
creo que la pregunta siempre es ¿para
qué? ¿Para
qué sigo si sigo? ¿Para qué cambio de rumbo si cambio? ¿Por amor
a mí o por miedo? ¿Quién guía mis pasos? ¿Me soy fiel cuando
sigo o cuando cambio?
Supongo,
como decía antes, que no hay camino correcto, hay una sensación de
paz o de angustia…
¿Cómo
se sabe si el camino es correcto? Se sabe… Es una de esas
cosas que no sabes cómo las sabes pero que sabes que las sabes…
Sólo
tienes que mirar en ti y dejar de mirar al temporal. Mirar muy dentro
y sentir…
El
mar está en calma si tú estás en calma, no importa la altura de
las olas.
Mercè
Roura
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