Existen
momentos en nuestras vidas, en los que aparecen delante de nuestro
caminar, situaciones que nos parecen muros infranqueables,
normalmente en forma de toma de decisiones trascendentales, donde no
vale esconder la cabeza como el avestruz, en las que queramos o no
hay que actuar.
Las
encrucijadas pueden presentarse en el mundo de los sentimientos, de
las relaciones, de los negocios, del alma, del trabajo… ¡en todas
partes!
Normalmente
en estos cruces de caminos, suele no haber vuelta atrás en la
inmensa mayoría de los casos, empezamos a llegar al punto donde el
retorno es un camino imposible de seguir y ¡zas! el corazón se nos
acelera, nos paralizamos por el miedo a equivocarnos… no podemos
seguir, somos incapaces de seguir en una u otra dirección, es
superior a nuestras fuerzas.
Aquí
es donde imploramos ayuda al Universo, al Altísimo, o sencillamente
cogemos el móvil y llamamos a nuestro amigo del alma e imploramos
¡¡¡qué hago!!! Nuestro amigo puede representar para nosotros la
figura de psicólogo, director general, asesor espiritual,
representante artístico o inclusive le podemos poner la túnica de
un falso vidente.








