TENER
UNA VIDA SIMPLE Y SENCILLA ES POSIBLE
Entre
una vida simple y otra llena de complicaciones, ¿qué elegirías?
Seguramente la primera opción, ¿no es cierto? Con cierto idealismo
muchos pensamos en una existencia tranquila, pacífica, serena,
opuesta del todo a esas preocupaciones y ajetreos que lamentablemente
abundan en nuestra realidad cotidiana.
Pero
si decimos querer una vida sencilla, ¿por qué no la tenemos? La
respuesta más común a esta pregunta suele ser una enumeración un
tanto agobiante de elementos que estamos habituados a considerar
“necesarios” para la vida pero que, paradójicamente, en muchos
casos son también una fuente enorme de complicaciones. El trabajo,
una relación de pareja y en general las relaciones personales, la
alimentación, la salud del cuerpo… Todo ello parece ser
indispensable para la existencia, ¿pero no sucede también que en la
vida de muchas personas esto es, al mismo tiempo, una causa de
conflictos?
En
buena medida, la contradicción se encuentra entre lo que
consideramos necesario en la vida y la manera singular en que dicha
necesidad toma forma en nuestra propia existencia. Del trabajo, por
ejemplo, se dirá que es necesario porque reporta el dinero que a su
vez también consideramos necesario. ¿Pero hemos reflexionado
seriamente sobre dicha condición de necesidad? El trabajo es
necesario, ¿pero es necesario también que sea un trabajo que nos
genere algún tipo de malestar? El dinero es necesario, ¿pero dicha
necesidad la reconducimos conscientemente en aquello que sí
necesitamos en nuestra vida?
En
el ánimo de fomentar esta toma de conciencia frente a lo necesario y
lo sencillo, compartimos a continuación cinco acciones orientadas a
hacer más simple tu vida. La idea general es que cada día puedas
practicarlas todas, tanto como te sea posible, hasta volverlas
hábitos de existencia.