DINERO, DINERO, DINERO…
Para tomar el sol, andar en bicicleta o disfrutar de una siesta, no hace falta mucho dinero…
¿El dinero hace la
felicidad o es más bien un obstáculo para alcanzarla?
Es un poco raro que
tenga sentido hacerse esta pregunta. Por ejemplo, nadie se
preguntaría si la buena salud es un obstáculo para alcanzar la
felicidad. Con la salud no hay lugar a dudas, todos sabemos que es
una condición que favorece el bienestar de cualquier persona.
En cambio hay algo
extraño en la relación que tenemos con el dinero.
Por un lado, a
todos nos hace falta y muchos de nosotros hacemos bastantes
sacrificios para conseguirlo. Normalmente vamos al trabajo todos los
días a llevar a cabo una actividad que tal vez no nos gusta
demasiado, soportando a un jefe que quizás no nos cae muy bien. Y
todo por una paga que muchas veces no nos parece justa, que no nos
alcanza para concretar todo lo que nos gustaría hacer.
Pero por otro lado, las personas que
tienen mucho dinero y que por lo tanto ya no tienen que hacer tantos
sacrificios, tampoco parecen estar muy contentas.
Si me pidieran que
imagine a una persona muy sabia, espiritualmente evolucionada y
sensible, difícilmente asociaría esas cualidades con las de un
multimillonario. En cambio es probable que piense, por ejemplo, en un
monje budista, solitario, en contacto con la naturaleza, viviendo de
una manera muy sencilla, en condiciones de extrema austeridad.








