DECISIONES
Me
preguntó hace unos días mi hija qué creía yo que era ser
valiente. Y en ese momento no se me ocurrió más que decirle que ser
valiente es tomar decisiones.
Primero porque tomarlas, sean correctas o no (yo creo que lo correcto
y lo incorrecto no existe), ya supone desencallarse, moverse, poner
en marcha el mecanismo…
Y el movimiento siempre genera movimiento,
sea para adelante o para atrás, casi da igual, lo que importa es
recordar que estás vivo, que tienes capacidad para generar cambios,
para responsabilizarte de lo que te pasa… Para generar ese
movimiento no hace falta desatar un temporal, a veces, decidir es
darse cuenta de algo que no éramos capaces de ver o comprender un
por qué. A veces, uno decide con el pensamiento, encontrando su
verdad, una verdad que ya no te permite volver atrás y enredarte con
otros pensamientos que ya has descubierto que no te hacen bien…
Llevar
las riendas asusta. Por eso, a veces, dejamos pasar los días
esperando señales que parece que no llegan cuando las tenemos ante
la nariz pero fingimos no verlas usando las gafas de la ignorancia.
Otras, sencillamente no las podemos ver porque no nos tomamos un
instante para atar cabos y notar qué sentimos.








