9.7.18

Todo tiene un alma y una razón. Una oportunidad de transformación constante


LO QUE LLEGA A TU VIDA… ES PARA TI

Hay un concepto que es fundamental para sanarse a uno mismo y es el de conocerse, y para conseguirlo existe un método básico que es la observación. O más concretos aun, la auto-observación.
Una de esas frases de la sabiduría milenaria es la que nos dice: “EL CONOCIMIENTO SE NUTRE DE LA OBSERVACIÓN”.
Puede parecer una cosa ya sabida, pero, lo cierto es que, dados los tiempos tecnológicos en los cuales vivimos, observar es una capacidad que estamos perdiendo.
Observar es estar conscientes del presente. Y el presente es dónde nos encontramos en todo momento, pero, debido a la ilusión del tiempo en la que nos desenvolvemos, viviendo en una estructura social dirigida primordialmente por la prisa, no tenemos tiempo para sencillamente parar y observar.
Cualquier cosa que quieras conocer, ya sea externo o interno, tienes que pararte y observarlo, para comprenderlo y conocerlo.
La auto observación es básica para conocernos. Si realmente queremos dejar de movernos en los efectos y empezar a movernos en las causas, ese es el siguiente paso a incorporar.
Ahora bien, el fin de esta observación es reconocer porqué hacemos lo que hacemos, de dónde viene lo que sentimos y cómo dejar de reaccionar para comenzar a responder.

DE ESTE MODO NUESTRA EXPERIENCIA VITAL COBRARÁ SENTIDO Y SEREMOS CONSCIENTES DE QUE SOMOS LOS RESPONSABLES DE ELLA.
La cualidad de un ser humano equilibrado es que se mueve en las causas (responde) en lugar de moverse en los efectos (reacción), pero para alcanzar esto, es necesario un entrenamiento personal en el arte de gestionar las emociones. Ni es tarea fácil, ni se consigue en un día.
Aprender a gestionar las emociones para que no gobiernen nuestras experiencias de vida, pasa por reconocerlas, para lo cual, es necesario un exhaustivo trabajo de auto observación, y esa es una de las partes más importantes en este proceso de sanación emocional, ya que no estamos acostumbrados, como he dicho antes, a parar y a observar.
Cada vez que se nos presenta una experiencia no satisfactoria, ésta activa una emoción negativa. Ante esa emoción tenemos dos opciones; reaccionar, lo cual hacemos de forma automática o responder, lo cual requiere práctica y mucha atención con intención.
Pero cuando hablo de REACCIÓN, no me refiero ante la situación (o los implicados) sino ante nosotros mismos, dentro de nosotros mismos. Se trata de hacer un acto de “recapitulación”, es decir, etiquetar la emoción que accede a nuestro consciente a través de esa experiencia.
Ira, odio, culpa, abandono, soledad, impotencia, indefensión, desamor, infravaloración, inseguridad… Se etiqueta por resonancia, es tu Ser (a través de tu físico) el que te hace resonar con la etiqueta correcta, cuando aciertas, algo dentro de ti te dice que lo sabes.
Una vez puesto el nombre a la emoción, de nuevo tenemos que hacer un recorrido “temporal” interior conectando esa emoción con otras ocasiones en las que la hemos sentido. Al hacerlo, nos damos cuenta que, en realidad, siempre son las mismas emociones, siempre seguimos un mismo protocolo físico y mental, y por ende, siempre llegamos a la misma reacción.
Las emociones siempre son las mismas porque son las que no supimos integrar durante los primeros 7 años de vida, que es cuando se desarrolla nuestro crecimiento emocional. Estas emociones se instalan en nuestro inconsciente y toman el control remoto de nuestras experiencias vitales.
Al hacer este recorrido temporal por el mapa de recuerdos emocionales, llegaremos, con toda probabilidad, al origen (CAUSA), que estará relacionado con nuestros padres o familiares cercanos. Pero no se trata de emitir juicios de valor, se trata de conocer para comprender a través de la observación. Y para poder integrar esa emoción cuando la encontramos, hemos de sentirla.
TODA EMOCIÓN NO INTEGRADA, SE INTEGRA SINTIÉNDOLA.
Las emociones no procesadas acumulan en nosotros cargas emocionales negativas, por esa razón no se sanan en un día, sino que necesitan de un tiempo para que vayan saliendo (sintiéndolas) poco a poco hasta que se desvanezcan por completo.
Conseguir esto es conseguir dejar de moverse en los efectos para moverse en las causas de tu vida, que tienen el origen siempre en nuestro interior. Por eso de nada sirve culpar a las expresiones externas que nos proponen sentir estas emociones, pues no son más que ayuda que nos manda nuestra propia vida para crecer.
Nada en tu vida es ajeno a ti.
Todo tiene un alma y una razón. Todo es una oportunidad de transformación constante.

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