8.7.13

He aprendido que aún no sé nada de la vida, que solo se aprende viviéndola

 HE APRENDIDO

He aprendido a ver más allá de mis ojos. He aprendido a ver sonrisas en un rostro hierático y serio, dolor en una mirada fría y distante. He aprendido a ver tristeza en una mirada agresiva, he aprendido a ver amor en una mirada de odio!

Quizás porque ese odio, ese sufrimiento, ese dolor o ese amor los he sentido yo antes! Y aprendí a sentirlos al fin… y a verlos desde fuera, tal como mi espejo me veía a mí, camuflado. Y aprendí a verlos en los demás, al fin y al cabo reflejos de mí mismo y de lo que dice mi corazón, aunque a veces sea en silencio…

Y te vi como a mí mismo rabioso ante las injusticias de la vida, impotente ante las desgracias propias y ajenas y ante el dolor, rebelde ante las circunstancias adversas. Quizás por todo eso te comprendo y te quiero, hagas lo que hagas. Porque tú eres como yo, pero tal vez aún no te has enterado! Y te invito desde aquí a descubrirte, a conocerte a fondo. Detrás de tu personaje ficticio, te reconocerás a ti mismo y te darás cuenta de lo que siempre has sido y serás, porque eres lo que sientes. Y cuando lo logres, entenderás muchas miradas a tu alrededor, que hoy juzgas como amenazantes y distantes. Y verás que no hace mucho, también eran así las tuyas con quienes quizás deseaban darte amor, aunque no supieran hacerlo!

Y verás que este mundo no está hecho de buenos y malos, sino de personas que llegan antes o después a ser ellos mismos. Y quizás tú has llegado antes que quien ahora te da miedo. O después… y verás que es un simple compañero en esta vida, en la que todos día a día aprendemos. Y dejarás de juzgar, de sentirte sólo aunque estés acompañado, de sentirte siempre acompañado, aunque estés sólo. Porque a los demás te une el corazón, ni más ni menos. Unos abiertos con amor y otros cerrados, por miedo. Pero antes o después, en el preciso momento, te encontrarás con todos ellos y compartirás sin saberlo lo mejor de ti mismo y tu vida entera.


Lástima o qué fortuna que para aprender esto sea necesario vivir lo suficiente y aprender de ello. Lástima o qué fortuna esos ensayos prueba-error que con diferentes personas tuviste que vivir y compartir, para ahora darte cuenta de que todas y cada una de esas personas de tu vida pasada te dio siempre lo que supo o pudo darte, sin más. Amor disfrazado de odio o de miedo, miedo disfrazado de amor imperfecto, de indiferencia o simplemente de doloroso silencio.

Quizás sea mi intuición -a la que cada día más hago caso- o, simplemente, sea un talento que al fin utilicé. No lo sé! Pero esa intuición me permite ver las cosas con una visión muy clara y encontrar a todo lo que pasa en mi vida su profundo sentido. Alguien me dijo hace un tiempo que tengo el don de llegar al alma de las personas, incluso antes de que éstas lo hagan, por sí mismas. Tal vez ahora estoy apenas aprendiendo a utilizar este don a favor mío y nunca en contra de los demás, como muchas veces hice antes, sin saberlo! Y es que la verdad es lo que ve mi corazón a través de la intuición… pero no siempre estamos preparados para aceptarla tal cual es, tal como llega…

He aprendido a ver con el corazón muchas pequeñas señales que suceden a mi alrededor, que otros muchos no ven, solo con sus ojos. He aprendido a saber que eso es así y que es un privilegio que todos tenemos… pero muchos no manifiestan. Seguramente mi único mérito es haber perdido el miedo a ver desde dentro y a vivir según lo que veo con el corazón abierto. O solo miro el miedo de cara… y eso es suficiente! He aprendido que, cuando tienes miedo, es que algo está llegando a tu corazón y éste se siente vulnerable. Pero también he aprendido a ser vulnerable y aceptarlo, porque eso es precisamente lo que me hace fuerte. He aprendido que perder el miedo a la vulnerabilidad y a la fragilidad es lo que me hace valiente!

También he aprendido que no veo nada que los otros no puedan ver, si quieren, a su debido momento. Nadie es tan especial como pensamos! Todos tenemos corazón, aunque lo que nos hace diferentes -ni mejores ni peores- es lo que hacemos con él, cómo nos afecta su sutil dictado. Y también he aprendido que cada cosa en la vida tiene su tiempo oportuno. Despertar el corazón o dejarlo dormido! Y que no soy nadie para despertar un corazón que yace dormido, a no ser que quiera ser despertado y me lo pidan. No puedo hacer ver algo que el otro no desea o no se atreve a ver, mi respeto por su libertad es más importante que mi necesidad de ayudarle cogiéndole la mano, aunque sea por amor. He aprendido que uno ama, cuando está realmente preparado para hacerlo y eso pasa cuando sientes la paz en tu interior, nunca antes ni por azar, siquiera…

He aprendido que aún no sé nada de la vida, que solo se aprende viviéndola, sin renunciar a algo que ésta nos proponga. Y que nunca has aprendido lo suficiente, sino que vas aprendiendo día a día, hasta el final de tus días. Y que cada nuevo episodio de tu vida tiene un escenario y un momento determinados, pero siempre oportunos. Ni antes ni después de cuando estés preparado. Y que prepararse no es más que haber soltado lastre y poder ya ir con el corazón al fin abierto. Y que la intuición no es más que el susurro de un corazón que se manifiesta y al que es difícil contradecir. Y que, contradiciéndolo o renunciando a lo que él dicta, uno sufre porque tiene miedo. Y que con miedo no hay amor que pueda manifestarse… y que de eso está nuestro mundo lleno…

Y he aprendido que el mundo no es más que la suma de nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Y que es justo el siempre difícil equilibrio entre el amor y el miedo. Y que solo hay una manera de cambiar el mundo, que es cambiando uno mismo y aprendiendo a ir con el corazón bien abierto! Y que esto solo es posible sabiendo qué es el miedo antes y mirándolo de cara. Y sin renunciar al miedo, dejar que sea el amor quien lo venza, día a día. Porque he aprendido que el amor vence cada vez que no permito que me domine el pasado o el futuro, los demás y el mundo o, simplemente, cuando no renuncio a ser, pensar y sentir, por mí mismo y desde el corazón…

Quizás después de todo, he aprendido a aprender y que a eso venimos a este mundo, en el que todo está siempre por hacer, esperando a que yo abra mi corazón y lo cambie, desde dentro y en silencio!

Escrito por Miguel Benavent de B


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