26.3.14

La felicidad es recorrer la distancia que te separa de un premio

LA FELICIDAD: Un camino, no un destino
Es el recorrido el que merece la pena
Dichosa felicidad… y cuando llega, si llega, dura unos días, una hora o un suspiro… ¿Tanto esfuerzo para sólo eso? ¿Se ha perdido algo por el camino para que dure tan poco? No, es que eso no es la felicidad. Querido lector: el mejor amigo del hombre, un perro, tiene la clave.

Por lo menos, el experimento que un gran hombre realizó con él y que nos puede abrir un poco la puerta que permita entrever qué es la felicidad. Es irrefutable (aunque dejemos la sana duda), pues muestra lo que una biología hace al margen de una psique capaz de inventar qué es y qué no la felicidad.

El investigador en cuestión llevaba décadas intentado, a través de la ciencia, dar con el “alma” de esa intangible ecuación y lo logró, en parte, tras un duro día de trabajo. Llegó a su casa. Allí, su querida mascota le esperaba como cada jornada.

Entró en su hogar y se dirigió a la cocina para dar de comer el habitual pienso a su perro. Éste último, conocedor de tal hábito, se puso muy contento. Era feliz. Desde el momento en el que su dueño comenzó el ritual de ofrecerle comida, comenzó a mover su cola. El investigador se fijó esa noche, especialmente, en esa reacción que tantas veces había protagonizado su querida mascota.
El científico observó que el perro se sentía tan radiante y se movía para todos lados porque iba a comer su esperado pienso. Ante tal hecho, y por primera vez, prolongó el ritual para continuar observando la reacción; una reacción que no concluía mientras retrasaba el momento de servirle la comida.
A los pocos minutos el hombre se dio por satisfecho. Tras el singular análisis decidió ofrecerle su esperado plato. En ese momento, el perro dejó de mover la cola y sentirse eufórico para comenzar a “devorar” su deseada ración. A los pocos segundos, el afanado científico pudo discernir que la mascota se sentía feliz por la expectativa de lograr un beneficio, expectativa que concluyó al conseguir “el botín”. “La felicidad había concluido al llegar el premio”, pensó.

Así llego a la conclusión de que la felicidad no era un destino, sino un camino. La felicidad era y es recorrer la distancia que te separa de un premio, y el galardón es el fin de ese radiante camino.
Al respecto pienso: ¿Cuántas veces se obsesionan las personas con el premio y no disfrutan el camino? Casi siempre. ¿Qué te lleva a ese esperado lugar, cosa o persona? Te lleva un camino, un feliz camino que tiene como premio la plenitud. Disfruta tu camino.

 ’La felicidad: sólo un camino, no un destino’ es el verdadero viaje de vida que apunta y dispara la palabra de Miguel Ángel Blanco Martínez,


No hay comentarios:

Publicar un comentario