17.6.14

No hay nada mas pleno que el amor incondicional a uno mismo, y cuando lo experimentamos podemos extenderlo a cada aspecto de nuestra creación

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TÚ ERES…TU PROYECTO DE VIDA

Conocerse uno mismo, es el principio del camino.
Hace ya más de veinticinco siglos, Tales de Mileto afirmaba que “la cosa más difícil del mundo es conocerse a uno mismo”.

Y en el templo de Delfos podía leerse aquella famosa inscripción socrática: gnosei seauton (conócete a ti mismo), que recuerda una idea parecida.

Conocerse bien a uno mismo representa un primer e importante paso para lograr ser artífice de la propia vida, y quizá por eso se ha planteado como un gran reto para el hombre a lo largo de los siglos. ¿Te conoces?

Conocernos, es tomar conciencia de nuestros verdaderos deseos e intenciones, saber escuchar nuestra voz interior, reconocer la realidad circundante, observar nuestros pensamientos y tener al menos un conocimiento aproximado de quienes somos, que queremos, donde vamos, como nos valoramos, con que herramientas contamos… Es ser más conscientes en cada momento.

Hemos sido educados en la creencia de que debemos cuidar a los demás en vez de cuidarnos a nosotros mismos. Con esta creencia nos olvidamos por completo de cuidarnos y vivimos enfocados en los demás.

Esto generalmente se traduce en baja autoestima. Tener una relación con uno mismo es conocerse mejor: ¿Qué estoy sintiendo y pensando? ¿Cuáles son mis sueños y frustraciones? ¿Qué me hace feliz? ¿Qué quiero para mi vida? ¿Hago las cosas por mi o para complacer a alguien más? ¿Disfruto de las cosas que hago día a día? ¿Esta es la vida que quiero para mí? ¿Tengo relaciones sanas y basadas en crecimiento?


La mejor manera de realizar esto es a través de la auto observación y la meditación. En vez de tratar de negar y evitar nuestros problemas, simplemente los observamos y nos volvemos conscientes.

Hay unos interrogantes que muchos en algún momento del camino nos hemos planteado ¿Quién soy? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Soy feliz?

Tenemos la ilusión de que el mundo exterior nos complete y perseguimos la zanahoria de la felicidad que nunca llega. Cuando obtenga mi título universitario voy a ser feliz, cuando me case voy a ser feliz, cuando viaje voy a estar pleno, cuando tenga hijos voy a ser feliz…

¿Y si el único momento que tengo para decidir sobre mi felicidad es ahora?
¿Y si lo único que puedo disfrutar es el aquí y ahora?

Nos comenta Eckhart Tolle en su libro EL PODER DEL AHORA: 

“Un mendigo había estado sentado más de treinta años a la orilla de un camino. Un día pasó por allí un desconocido. ‘Una monedita’, murmuró mecánicamente el mendigo, alargando su vieja gorra de béisbol. ‘No tengo nada que darle’, dijo el desconocido. Después preguntó: ‘¿Qué es eso en lo que está sentado?’ ‘Nada’, contestó el mendigo. ‘Sólo una caja vieja. Me he sentado en ella desde que tengo memoria’. ‘¿Alguna vez ha mirado lo que hay dentro?’, preguntó el desconocido. ‘No’ dijo el mendigo. ‘¿Para qué? No hay nada dentro’. ‘Échele una ojeada’, insistió el desconocido. El mendigo se las arregló para abrir la caja. Con asombro, incredulidad y alborozo, vio que la caja estaba llena de oro.

Yo soy el desconocido que te dice que mires dentro. No dentro de una caja como en la parábola, sino en un lugar aún más cercano, dentro de ti mismo.

Los que no han encontrado su verdadera riqueza (la Alegría radiante del haber descubierto quiénes son: Ser, Paz, Amor, Dios, y la profunda e inconmovible experiencia que acompaña a este maravilloso descubrimiento: estar inundados esencialmente de Ternura, Armonía y Gozo Interior) son mendigos, incluso si tienen mucha riqueza material.

Buscan afuera mendrugos de placer o de realización para lograr la aceptación, la seguridad o el amor, mientras que llevan ‘dentro’ un tesoro que no sólo incluye todas esas cosas sino que es infinitamente mayor que todo lo que el mundo pueda ofrecer.”

La búsqueda interior tiene el propósito de encontrar ese tesoro interno, esa seguridad, esa confianza interna y el amor por uno mismo que luego se extiende a toda la creación. El amor es una energía que está dentro de nosotros. Una sensación de paz, de tranquilidad, de quietud, de alegría intensa, de que todo está bien en este momento. Nos permite encontrar el equilibrio emocional que tanto buscamos. 

Advertir cómo estamos emocionalmente es el primer paso hacia el gobierno de nuestros propios sentimientos.

El conocimiento propio es la puerta de la verdad. La verdad de quienes somos. ¿Somos nuestros cuerpos? ¿Somos nuestras mentes? ¿Nuestros pensamientos? ¿Nuestras emociones? ¿Nuestros roles? ¿O somos algo más? ¿O somos seres ilimitados con ilimitada capacidad de amar?

Siéntate un momento al día, cierra tus ojos y mira en tu interior. Hazte esa pregunta ¿Quién soy? Y observa tus pensamientos sin involucrarte en ellos, poco a poco van a aflorar de tu interior muchas respuestas que van a ayudarte en tu crecimiento personal, a alcanzar esa paz y quietud mental que estas buscando.

Accederás a tu propia conciencia. Pero ¿qué es la conciencia? 

“Es nuestra esencia, lo que somos en realidad, la conciencia es amor: un amor que es incondicional, y diferente a todas las clases de amor a la que estamos acostumbrados, y que está dentro de nosotros mismos”.

”No hay nada mas pleno que el amor incondicional a uno mismo, y cuando lo experimentamos podemos extenderlo a cada aspecto de nuestra creación”. 

Cuando nos amamos a nosotros mismos incondicionalmente, todo el miedo desaparece, y se experimenta la unidad en todo. No es una experiencia sutil, sino que es total. Es lo más grandioso que le puede suceder a un ser humano.

Cuando falta este contacto con nuestra propia conciencia, no se puede ser sincero con uno mismo, por mucho que se quiera. Querer ver qué es lo que nos sucede –y quererlo de verdad, con sinceridad plena– es el punto decisivo. Si eso falla, podemos vivir como envueltos por una niebla con la que quizá nuestra propia imaginación enmascara las realidades que nos molestan.

Porque encontrar escapatorias cuando no se quiere mirar dentro de uno mismo es la cosa más fácil del mundo. Siempre existen causas exteriores a las que culpar, y por eso hace falta cierta valentía para aceptar que la responsabilidad, es solo nuestra, o al menos una buena parte de ella. Esa valentía personal es imprescindible para avanzar con acierto en el camino del autoconocimiento, aunque a veces se trate de un recorrido que puede hacerse cuesta arriba.

Tómate algún tiempo para mirar dentro de ti y calmar la mente.

Así, borrarás todas las impresiones que llevamos en nuestras vidas cotidianas y experimentarás la presencia, lo divino, tu esencia, esa energía de amor, esa paz, esa dicha y libertad interna, esa alegría y quietud que es el verdadero centro de nuestra existencia.



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