15.1.16

No perdamos nuestro tiempo. Quizás lo hubo mejor, pero este es el nuestro.

SOMOS DEMASIADO JÓVENES PARA ESTAR TAN TRISTES
El cambio de tendencia económica y social de forma marcadamente negativa está afectando a toda una generación. Todo el mundo lo siente y lo vive así, pero es difícil expresarlo. Justo antes de que la situación empeorara irremediablemente, teníamos la esperanza de que nuestra generación no tuviera que esperar cerca de una década para que la situación se normalizase. Ahora vemos que esa cifra es hasta optimista en esta situación, pero seguimos caminando.

Esta frase que titula el artículo se hizo viral en las redes, y era una ilustración de  Sara Herranz. A la escritora le surgió la idea de esta ilustración mientras veía la película “Beginners” y la incluyó en su libro Todo lo que nunca te dije lo guardo aquí. 

Con esa ilustración se vieron identificados miles de jóvenes, que no tienen ningún problema de salud o de carencias básicas, pero que han visto como su futuro dio un giro de 180 grados en cuanto aspiraciones académicas, laborales y de nulas posibilidades de una independencia de la casa de sus padres.
Aún así, somos demasiado jóvenes para estar tan tristes. Pero a veces, el desahogo y el tratar una cuestión que se ha vuelto tabú porque muchos la llevan con vergüenza, es el primer paso para saber cómo se está llevando este tiempo algo extraño y detectar posibles casos de depresión o ansiedad.


La influencia de la tristeza en los jóvenes
La felicidad y la tristeza no son un todo o nada, cada día podemos experimentar distintas emociones, y a lo largo de una semana podemos pasar por momentos muy tristes y también por momentos de alegría. Pero el denominador común de esta generación es el siguiente: la desesperanza respecto el futuro.

Tenemos que ser conscientes que la desesperanza es una de los principales catalizadores para que se produzca un episodio depresivo. Actualmente se ha experimentado un aumento aproximadamente de 15 a 20 % más de casos de  depresión diagnosticados en la actual generación de jóvenes respecto a la generación antecesora.

Muchos de los jóvenes ven que tras toda su vida estudiando han tenido que hacer trabajos que no están relacionados con su dominio profesional. Otros han tenido que emigrar y a la vez que lo hacían, también realizaban trabajos poco cualificados en un país extranjero. Nadie estaba preparado para esta situación, por lo que en muy poco tiempo han tenido que poner en marcha recursos personales ante situaciones de estrés que les sobrepasaban día sí y día también.

Es lógico por tanto, dejar de culparnos y asumir que la generación más formada está dando la talla, incluso con una valentía que hace pensar que estaban hechos a la idea desde hace años; cuando en realidad la situación cambió drásticamente en muy poco tiempo.

Hay que aprender de todo lo que nos ocurre
No es lo mismo que esta mala situación económica afecte a una persona que ya contaba con un puesto estable y una trayectoria reconocida, que encontrar la situación justo cuándo ibas a salir al mundo, y lo único que te has encontrado son portazos.
No has demostrado nada porque no te han dejado, has remado con la corriente en contra y desorientado. Pero gracias a lo que está pasando, vamos a sacar lecciones que valen dos o tres vidas enteras.

Por eso cuando estemos tristes, tenemos que pensar en lo que estamos ganando y lo que estamos perdiendo. Ante todo, hay que aprender de todo lo que nos ocurre. Vamos a desarrollar una empatía y una conciencia social única para analizar los problemas del mundo desde muchas perspectivas. Nuestra resiliencia  se ha desarrollado a velocidad de vértigo, nuestra inteligencia emocional ha logrado sacarnos de más situaciones que todo lo aprendido en años anteriores.

Somos más abiertos, menos ingenuos y también más solidarios. Valoramos la honradez, la sencillez y la decencia como pocas generaciones anteriores. La hipocresía la consideramos nuestra enemiga, al igual que la vanidad y la extravagancia.

Estamos preparados para el cambio, y lo haremos mejor, dejaremos otra forma de hacer las cosas a las siguientes generaciones. Puede que muchos días tu resistencia psicológica esté quebrada pero volverás a levantarte. Somos demasiado jóvenes para estar tan tristes, así que toca levantarse y seguir.

Estamos tristes, pero no estamos solos
Si cualquier persona pasa en soledad cualquier situación depresiva o de desesperanza puede que lo viva con miedo y vergüenza, pero en realidad, en esta situación la tristeza se soporta si nos sentimos parte de una red de personas que están pasando por situaciones muy parecidas.

No nos relajamos porque sea una situación caótica en general, pero ocurre un fenómeno psicológico: nuestra culpa se hace más llevadera, se disipa, ya que no atribuimos nuestra situación a aspectos internos, estables y globales de nuestra persona, sino que nos damos cuenta que se trata de un mal compartido.

Ante esta situación no cabe aislarse, ya que afrontar la situación de una manera pasiva y catastrofista no ayuda nada. Tienes que arreglarte, vestirte y salir aunque no tengas ganas. Las ganas ya vendrán luego. Y es que ahí fuera está la oportunidad de retomar nuestra vida. Como decía Jean Paul Sartre:

“No perdamos nada de nuestro tiempo.
Quizás los hubo mejores, pero este es el nuestro”


Cristina Roda Rivera

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