18.11.16

Nos define demasiado la meta, cuando en realidad somos el camino

OCHO HORAS

Una vez hace años me zarandeó mucho por dentro escuchar esta frase“si dispusiera de ocho horas para cortar un árbol, usaría seis en afilar el hacha”. Es de Abraham Lincoln.

En aquel momento pensé que dedicar seis horas en la preparación era una barbaridad. Conociéndome, supe que yo me hubiera lanzado a golpear el árbol de forma desenfrenada y compulsiva (es una metáfora porque adoro los árboles y no podría sujetar un hacha). Y que después de calibrar las dificultades, me hubiera entretenido en afilarla un poco, demasiado poco, seguramente. Y no es porque no sea una persona que ha invertido poco en formarse ni planificar, todo lo contrario, pero siempre he sido más de “que la inspiración me pille trabajando” como dijo Pablo Picasso.

Hice lo que he hecho siempre cuando llega a mí una información que no estoy preparada para asumir, la dejé a un lado y cada vez que pensaba en ella, notaba una punzada en el pecho

El caso es que la frase me sacudió un poco por dentro, seguramente, porque me hacía falta interpretarla y entenderla. Tal vez porque soy muy intensa e impaciente y supongo que me di cuenta que me estaba interpelando directamente. Entonces, decidí que Lincoln, a pesar de ser un hombre sabio y dicen que un buen estratega, tal vez no lo sabía todo, que cada uno es un mundo y que yo era una persona de acción.


Aunque en realidad, no era del todo cierto. Es verdad, soy una persona de acciónPrefiero pedir disculpas a pedir permiso y arriesgar a pasarme la vida preguntándome qué podría haber pasadoY también soy de dar mil vueltas a las cosas y reflexionar mucho, eso sí, cuando decido algo, me gusta llevarlo hasta el final.

Pasados los años, lo mantengo todoMi impaciencia, mi necesidad de pasar a la acciónLo he ido trabajando para aprender a esperar, pero me sigue costando muchísimo. Y ahora me doy cuenta que esas seis horas afilando el hacha no hablaban de perder el tiempo ni de esconderse como entendí en un principioNo eran excusas para demorar la acción ni poner en peligro conseguir derribar el árbolEl hacha no es el instrumento con qué cortar, eres tú. Y tienes que estar en las mejores condiciones anímicas, mentales y físicas para dar el máximo.

Reconozco que ser un poco imprudente me ha llevado a grandes cosas, lo reafirmo, me hace feliz esa necesidad de cambiar las cosas y salir de mis dominios para adentrarme en lo desconocido, aunque me suponga pasar un miedo terrible y tener que afrontarloSigo creyendo que si no cambias tú, no cambia nada. Y sigo siendo una persona que cree en la preparación, pero que sabe que no puedes estar siempre esperando a estar al cien por cien seguro de algo para lanzarseNo se puede esperar a que todo sea perfecto, porque jamás lo esY si alguna vez lo parece, es que nos estamos engañandoLo que pasa es que la necesidad te lleva a veces a forzar y hacer que las cosas sucedan cuando aún no están en su punto y acabas perdiendo las carreras por falta de entreno o porque te faltaban unos días de mentalizarte para ser el ganador.

No se pueden forzar las cosas. Hay un tiempo para todo y cuando haces algo sin estar preparado para ello, el resultado no es nunca el esperadoCosa que por otro lado no significa que no sea válido o no te suponga un gran aprendizaje. Todos los errores son pura magia para poder seguirEl problema surge cuando repites siempre el mismo.

Lo que ahora tengo claro es que esa preparación no habla de nada que esté fuera de ti sino dentro. El aprendizaje real no es sólo el de afilar el hacha (no tengo nada en contra de afilar el hacha, aunque no es una actividad que me fascine) sino el de confiar en ti, de aprender de lo que te pasa. Antes de cortar tu árbol debes conocerte y saber quién eres y qué buscas, qué estás creando en tu vida que te acerca a ser bueno talando árboles

Afilar el hacha seis horas no es quedarse en tu zona de confort demorando el momento, es el gran cambio. Hasta que no te has convertido en esa persona que es capaz de cortar el árbol, no tiene sentido empezar a golpearlo para derribarlo o al menos, esa tarea será aún más complicada.

Lincoln desde la voz de la historia me dolió porque cuestionaba mi impaciencia, ni necesidad de tocar lo soñado y anhelado enseguida, mi búsqueda insaciable de seguridad dentro de la incertidumbre, el apego a lo que es tangible y calculable, a lo que se almacena y se catalogaPrefería talar un árbol ya sin saber por qué, que esperar a saber si realmente quería talar árbolesPorque siempre he necesitado sentir que todo está controlado, que todo está bien encarrilado

Y cuando te llega la miel sin saber que es miel, nunca es dulce. Si derribas el árbol sin saber quién eres, nunca te sirve para nadaBueno, no es cierto, me desmientoTodo lo que hacemos nos lleva a nosotros mismos, a aprender, a conocernos, a equivocarnos y reconducir nuestra vidaY es cierto, hay que talar muchos árboles sin saber quién eres para decidir si quieres o no talarlos. Para que uno de ellos sea el árbol que realmente te lleva a algún lugar soñadoAunque perdemos muchas oportunidades por no saber encontrar el punto justo para actuar

Nos preparamos mucho para aparentar sin llegar a ser realmente quienes somos.

Nos define demasiado la meta, cuando en realidad somos el camino.

Somos cada uno de los cambios que hacemos en nosotros para aceptarnos y encontrar nuestro potencial. Afilar el hacha no es prepararse sino convertirse.

A menudo hay que asumir más de lo que a veces estamos dispuestos a asumir. Decidir es una mezcla entre asumir el riesgo y lanzarse y saber realmente cuándo estás preparado para empezar. Prepararse y actuarHacer y dejar pasar.

Hay que decir que no a espejismos maravillosos para no desviarnos del camino, que pinta arduo y complicado, pero que es tu camino. Hay que renunciar a muchas cosas que huelen bien y suenan bien pero que son humo que lo que hace es impedirte ver que no vas por dónde deseas ir.

A veces, para llegar a donde quieres llegar tienes que acercarte a aquello que te molesta o te duele para vencerlo, para superarlo, para descubrir por qué te afecta tanto y saber qué mensaje lleva oculto.

La impaciencia a veces nos deja en brazos de soluciones fáciles que te llevan a las antípodas de tus metas y te dejan roto y perdido.

Hasta que no somos, hasta que no nos conocemosHasta que no apartamos la mala hierba del camino, no vemos por dónde pisar ni podemos definirlo

A veces, basta con necesitar algo para alejarlo más de nosotros, porque nos falta confianza, nos falta sabiduría, nos falta concienciaNos falta creer que somos esa persona que llega a la meta.

Supongo que Abraham Lincoln hablaba de estrategia, de usar la inteligencia para hacer las cosas, de medir fuerzas y no quedar exhausto haciendo algo que no requiere tanto esfuerzo si le ponemos ingenio.

Hablaba de amortizar y buscar la forma más efectiva de llegar al objetivoPara cada uno, habrá una, la más indicada, personal e intransferible.

Hay momentos en los que el hacha eres tú. Tu actitud y tu valor, tu talento y tu misión en la vida

Y hay árboles tan difíciles de cortar, tan enormes y gigantes, que sólo los más preparados pueden tomar fuerza para derribar

En realidad, seis horas afilando el hacha son seis horas descubriendo quién eres para actuar, seis horas entrando en ti mismo para decidirSeis horas para aprender a confiar, a sentir, a conocerte, a creerte que eres la persona que es capaz de cortar ese árbol y darle sentido, encontrar a esa persona que llevas dentro que puede conseguirlo

No lo consigues hasta que no lo eresTus sueños no se cumplen, los cumplesY no los acaricias hasta que no te conviertes en ellos. El aprendizaje real es el de atar cabos con todo lo que te pasa y descubrirte a ti mismo, prepararte para asumir y entonces, actuar.

Se aprende cortando y mucho.

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