31.1.17

El secreto que mueve el mundo está en la esencia de la propia alma

SENTIRNOS BIEN EN EL MOMENTO ACTUAL


EL PODER DE LA MENTE 

El momento actual que nos toca vivir a los seres humanos, no cabe duda que es bastante confuso, vivimos en un mundo lleno de conflictos, de inseguridades, de escasez, con un futuro incierto tanto a nivel individual como colectivo, lleno de incertidumbre y sin saber muy bien qué decisiones ni qué dirección tomar, ante tanto cambio, que nos impide ver con claridad hacia dónde vamos.

Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.

¿Quién cree todavía que puede cambiar el mundo en los momentos en que éste parece empeñado en seguir otro rumbo?

En realidad, podemos influir más o menos en situaciones y personas con nuestro tesón e inteligencia, pero donde sí podemos operar con plena eficacia es modificando nuestra manera de ver e interpretar los aspectos que nos perturban e inquietan. Y lo más curioso es que, tras la inteligente aceptación de los hechos que nos tocan vivir, no sólo equilibramos nuestra vida emocional, sino que, además, el mundo también cambia.


Una vez que aceptamos y adaptamos nuestra mirada interna al curso de “lo que hay”, experimentamos una nueva forma de sentir que nos lleva a preguntarnos: ¿qué extraña ley modifica incluso las actitudes y conductas de personas ajenas?

En realidad, según explican las más avanzadas leyes de la física cuántica, la película que vemos en el exterior no deja de ser, en buena medida, una proyección del programa o los programas que tenemos actuando en nuestro interior.

Los acontecimientos discurren en función de unas leyes naturales, pero la interpretación que hacemos de lo que sucede es una opción íntima y subjetiva, y por ello, susceptible de ser modificada.

Ejemplos de ello hay muchos, pero uno de los más significativos fue el que nos dejó un prisionero de la segunda guerra mundial. ¿Qué hizo sobrevivir al judío Víctor Frankl de la torturadora vida en un campo de prisioneros nazi? La respuesta fue dada por él mismo al señalar su profundo sentido de la vida y la capacidad de optar por una óptima interpretación de los acontecimientos que a otros torturaban. No había salida, no podía cambiar las normas de aquel campamento nazi, tan sólo podía cambiar su mente y con ella el signo de lo que sucedía.

A menudo, el hecho de aceptar y comprender una situación eligiendo la interpretación más positiva, desencadena una insólita influencia sobre la faceta externa que considerábamos inamovible y ajena.

Una vez que nos adaptamos a la situación, se mueven energías insólitamente favorables. Una vez hemos logrado relativizar las cosas que, anteriormente nos perturbaban, adquirimos un grado mayor de templanza. Sabemos que nuestra forma de mirar el mundo y de pensar a las personas, influye, tarde o temprano, en el diseño y guion de nuestras experiencias.

Sabemos también que muchas de las emociones que experimentamos son consecuencia de un proceso que se desarrolla en la parte inconsciente de nuestra mente. Es por ello que merece la pena evitar culpar a los demás, y tener en cuenta que si no nos gusta lo que recibimos, convendrá prestar atención a lo que emitimos.

Cuando somos conscientes de que nuestro conjunto de creencias son las que crean el mundo emocional que habitamos, uno se torna alerta con las opciones de pensamiento que aparecen ante su corriente de consciencia. Atención a las palabras que pronunciamos y a los patrones que subyacen tras nuestras actitudes.

La persona que ha comprendido el enorme poder que su mente tiene en la configuración del mundo, ya no controla tanto las circunstancias externas sino que, más bien, dirige su mirada hacia las propias actitudes y pensamientos que sutilmente las posibilitan.

Tenemos mucho más que ver de lo que parece en aquello que “nos sucede”. Cuanto más conscientes seamos de nuestros pensamientos y anhelos, el destino, cada vez, estará, en mayor medida, en nuestras manos.

Se trata de cambiar el foco de visión elaborando opciones más positivas y formulando el mundo tal y como lo deseamos vivir. Sin duda, una competencia nacida de nuestra madurez creadora que aprendió que el secreto que mueve el mundo está en la esencia de la propia alma.


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