8.2.24

Lo único importante es ser honesto contigo y con las personas que te rodean

¿INSISTIR O DESISTIR?                       

¿Insistir o desistir? ¿Seguir adelante o renunciar? ¿Tirar la toalla o seguir avanzando? ¿Cuándo sabes si lo has intentado lo suficiente? ¿Cómo se sabe si el camino por el que estás avanzando es tu camino o deberías darte cuenta de que hay otras opciones que no estás viendo? ¿Cómo saber cuándo decir basta y rendirse para no quedar roto y desgastado por algo que queda claro que no es? ¿Y si no llega nunca y pierdes un tiempo precioso esperando? ¿Y si lo dejas justo a cinco minutos de lograrlo?

¿Realmente persistir nos lleva a conseguir lo que deseamos? Al menos eso es lo que nos han vendido muchas veces. En innumerables ocasiones yo me he sentido muy culpable por no haber conseguido aquello que tanto deseaba y por lo que tanto había luchado por pensar que tal vez no había insistido suficiente. Por creer que me había fallado a mí misma flaqueando en algún momento o no demostrándole a la vida que realmente era lo que deseaba.

¿Qué nos lleva a conseguir nuestros sueños? ¿Es lo que hacemos? ¿Es la actitud? ¿Es lo que pensamos? ¿Es el esfuerzo? ¿Son las circunstancias? ¿Existe la suerte o la forjamos nosotros? ¿Los que se lanzan son los que llegan? ¿Los que tienen paciencia y perseverancia llegan a la meta al final?

Los sueños y los objetivos tienen un papel muy importante en nuestra vida porque nos estimulan a seguir cuando muchas veces nuestro día a día y lo que nos rodea es un desierto de motivación. Necesitamos tanto aferrarnos a algo que nos olvidamos de nosotros mismos. Ponemos absolutamente todo el valor en el objetivo, en el premio, la recompensa por ese esfuerzo y nos atrevemos a pensar que si no lo alcanzamos no somos nada, no somos nadie. Aunque la verdadera motivación es algo interno, lo que está ahí afuera importa. No podemos negarlo.

Sería como decir que no queremos una vida llena de cosas hermosas y no sería cierto. Es importante tener metas y retos que asumir, pero lo más importante realmente es no perder de vista quiénes somos. Tener claro que nuestro valor no depende de hasta dónde llegamos, ni qué metas alcanzamos. Darnos cuenta de que muchas veces la vida te pone ante un desierto para que te veas obligado a mirar dentro de ti y encontrar esa motivación que te falta en tus propias ganas, para que tengas que descubrir tu talento, tu fuerza y maravillarte de tu gran valor. Para que veas lo mucho que importa un detalle, un café, una risa, una mirada, un paseo a media tarde, una ráfaga de viento, una conversación sincera entre amigos…

Porque la vida también está en todas esas cosas que parecen pequeñas, pero que en realidad son inmensas. Y en muchas otras que pueden cambiar y que solo dependen de ti porque necesitas darle la vuelta a tu forma de pensar. Dependen de lo que tú realmente puedes hacer, por dentro y por fuera… De tu capacidad para entrenar tus pensamientos y cambiarlos. De tus ganas de superar y atravesar tus miedos. De tu empeño en reconocer esas creencias que te están limitando y decidir cuestionarlas hasta ver que eran ridículas y perdonarte por haberlas sustentado tanto tiempo. De ser capaz de decir en voz alta lo que te duele y asusta y ser inmensamente honesto justo ahora contigo.

Pensamos que si no tenemos metas no tenemos vida, pero la vida en realidad es todo lo que nos pasa y lo que sentimos cuando nos damos cuenta de que no hay nada ahí afuera que vaya a salvarnos, ni hacer que seamos mejores. Ya somos lo que necesitamos, pero lo ignoramos. No hay sueño que nos haga mejores. Aunque en el camino hacia muchos sueños podemos descubrir quienes realmente somos si nos permitimos andarlo desde el amor a nosotros mismos, sin maltratarnos ni presionarnos demasiado.

A veces, la vida parece que te ponga a propósito las cosas difíciles y complicadas cuando estás intentando llegar hasta algo que amas… Que te ponga muchos obstáculos y parezca que te susurre «insiste, persiste, no te rindas» y otras veces, sin embargo, te das cuenta de que con tanta dificultad tal vez te está insinuando «que no es por ahí, que dejes de insistir» que »no te has dado cuenta que en el camino te han aparecido muchas otras opciones y oportunidades que también eran muy válidas». 

Y para ti a veces es difícil ver la diferencia. Para mí también, siempre me pierdo en ese punto, la verdad. No se ve claro si los obstáculos que te pone la vida son para que te des cuenta de que no es por ahí o no es en este momento de tu vida y tienes que parar y respirar… O darte cuenta de que lo que te está pidiendo, gracias a esos obstáculos, es que te reafirmes y confíes más en ti y seas capaz de decir «yo sí que quiero ir por aquí, porque me lo merezco». ¿Te pide rendición o te pide más fuerza para seguir?

¿Sabes cómo se nota la diferencia? Muy dentro de ti, desde el amor propio. Hacerlo amándote y tratándote bien. Parando si duele y cambiando de estrategia si no te sirve… Haciendo que el baremo no sea el resultado sino el camino… Que importe más que nada cómo te sientes y si te haces bien… Que la vara de medir no sea el logro sino el amor que sientes por ti y el disfrute del viaje. Quiérete y, a partir de ahí, ya sentirás si tienes que seguir intentándolo o no… Y si lo haces, que sea desde ese amor propio porque cuando haces las cosas no para ser valorado, no para ser aceptado, no para ser querido, ni reconocido sino porque sientes que te las mereces funciona siempre. Cuando intentas conseguirlas porque son tus sueños y realmente te enamoran, el resultado nunca es el premio, es el camino… Porque el premio eres tú. Entonces sabes si los obstáculos eran para decirte sí o no, pero realmente da igual porque te has transformado.

Te das cuenta de que has hecho un gran aprendizaje y el camino ha sido valioso para ti. Y tal vez los impedimentos que encontraste eran para reafirmarte y aprender a confiar y seguir adelante y darte cuenta de que no creías en ti lo suficiente todavía. Eran una representación física de tus pensamientos más limitantes, un reflejo fiel de las barreras que tú te pones para valorarte y creer en ti. Cuando descubres que la meta eres tú, siempre hay recompensa. El resultado no es la meta ni el objetivo, es el trabajo maravilloso que has hecho internamente contigo mismo. 

Si transitas ese camino y te acercas a la meta desde el amor propio, desde la autoestima, desde el reconocimiento por lo que eres siempre ganas. No importa si era para ti o no era para ti porque lo que era para ti era ese amor que has descubierto que llevabas dentro por explorar. Desde hace años tengo claro que si tus sueños te están haciendo sufrir por el camino es una señal para que cambies tus sueños o cambies tú la forma de acercarte a ellos…

¿Insistir o desistir? Es una pregunta formulada en base al objetivo y no al verdadero reto que siempre es darse cuenta del propio valor durante el trayecto. El logro es adquirir la confianza, llegar a creer en ti y tu capacidad y valor, revelar tu talento y entereza, y sentirte merecedor de alcanzar tu sueño, llegue o no llegue.

¿Insistir o desistir? No importa realmente, lo único importante es ser honesto contigo y con las personas que te rodean y acercarte a lo que deseas con todas las ganas que acumulas, pero sabiendo que tu valor no depende de que lo consigas. Notar si seguir en el camino te aparta de ti o te acerca a valorarte realmente. Saber si estás insistiendo porque te sientes bien y te compensa o para demostrar algo ante el mundo… Dejar de boicotearte y de ponerte la zancadilla con tus pensamientos… Darte cuenta de qué deseas realmente…

¿Insistir o desistir? Qué más da… Lo que importa es cómo te sientes tú mientras lo haces. Si te conduce a la verdadera meta que es darte tu lugar en el mundo y en tu vida. Y sin olvidar nunca que mereces lo mejor, alcances o no tus metas.

Mercè Roura

https://mercerou.wordpress.com/2024/01/29/insistir-o-desistir/  

 

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