Si invertimos en tiempo de calidad ganaremos en reserva de salud. Practiquemos el arte de saborear la vida, de apreciar cada pequeño detalle, buscando la magia y la felicidad de las cosas sencillas para encender así, el combustible de la esperanza...
Hay
que saborear la vida, disfrutarla a fuego lento,
abrazarse al momento presente con intensidad, con los ojos bien
abiertos y el corazón siempre receptivo. De ese modo, haremos de
esas experiencias vitaminas de esperanza para el mañana, combustible
de emociones positivas para los momentos difíciles… No olvidemos
nunca que invertir en tiempo de calidad es ganar en reserva de salud.
Este
sencillo razonamiento parece sin duda una obviedad. Todos sabemos que
si fuéramos capaces de ir un poco más despacio,
de apreciar las cosas más simples de nuestro día a día, quizá,
nos sentiríamos mucho mejor. Sin embargo, tal y como nos señala
Nassim Taleb, las
personas, de algún modo, estamos fallando en ese que llamamos
“sentido común”.








