EL BUSCADOR
El buscador sabe que
hay una chispa, un delirio, una estrella, una mano amorosa que empuja y empuja
desde adentro, algo que sostiene a su cascarón para que siga gastando los
zapatos, para que continúe la senda que llega hacia uno mismo.
Y eso que lo motiva
es tan fugaz, tan minúsculo y cercano su terremoto silencioso, que cuando el
cascarón bebe su copa se sorprende, se pierde, desvaría, y se olvida de todo,
hasta de aquello que un segundo atrás creía importante.
Decidiste iniciar el viaje. Pusiste en la valija las cosas necesarias, abandonaste tu casa y te refugiaste en la búsqueda de aquello que, así lo crees, justificará tu vida.





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