8.4.14

Atrévete a preguntarte para qué te pasa algo, para qué te sientes así… Quizá la luz de las respuestas abra nuevas vías para ti. El tren parte, sube.

POR QUÉ NO ENCUENTRAS SOLUCIÓN A TUS PROBLEMAS: ¿TE PREGUNTAS BIEN?

Cuando analizas tus sentimientos, actitudes o pasiones y te preguntas por qué, estás cometiendo un grave error. Sí quieres respuestas, la pregunta correcta es otra


Si supieras lo trascendental de saber cómo te preguntas tu vida, las soluciones que buscas, tus limitaciones… Sólo haciéndolo correctamente podrás materializar las respuestas. Es muy simple: si sigues preguntándote y preguntándote y no sabes cual es la contestación acertada, está claro que es la pregunta la que no funciona.


La forma en que hablas hace de ti lo que eres. Cuídala mucho, especialmente cómo te hablas a ti mismo. Si se trata de aprender a preguntarte, comencemos con unos ejemplos de la “crucial diferencia” que existe en cómo cuestionarte: ¿Por qué te sientes así? ¿Para qué te sientes así? ¿Por qué te comportas de esa forma? ¿Para qué te comportas de esa forma? Qué preguntas tan diferentes sobre las mismas cosas ¿Verdad?
Asomémonos con un arnés y miremos juntos a ese pozo sin fondo (aparente) que llamamos subconsciente y del que hemos hablado. Allí volveremos a acercarnos a preguntas que nunca nos hemos hecho y que podrían tener la solución de aquello que no logramos descifrar. Ante todo porque generarán respuestas, ésta vez, concretas. El nuevo “método” busca descubrir qué intención tiene dentro de todos nosotros lo que sentimos, nuestras actitudes o el análisis que hacemos de “lo demás”, sean personas, situaciones o cosas. Para ello es determinante saber preguntarte

Cojamos una situación delicada y mostrémosla en video a 100 personas. Por ejemplo, les enseñamos un vaso de agua lleno hasta la mitad. Pasan una a una y en solitario a ver la “película”… ¿Cuál sería el resultado? Pues 100 versiones. La pregunta ahora es: ¿Si la situación es siempre la misma cómo es que su significado puede adoptar un centenar de puntos de vista?¿cómo es posible? ¿Cuál es correcto? Es, por tanto, cualquier hecho tangible un ámbito al margen de tu interpretación y la del centenar de participantes… Tu vida y la vida no son lo mismo y lo único certero es ella, la vida. Allí se encuentra todo lo que buscas, sin excepción. Obtenerlo requiere un paso clave: necesitarás saltar de tu imaginaria senda y pisar su suelo. Vete despidiéndote de tu ego

Una vez descubierto que las cosas no son lo que te parecen (es tu versión del centenar) está más que justificado saber para qué lo vemos diferente, nunca por qué, ya que no eres dueño de la causa pero sí de su consecuencia para ti. Ése es el único ámbito de tu incumbencia: El resultado que obtengas de lo que haces. Si quieres saber por qué, quieres lo que no te pertenece y, por tanto, nunca lo sabrás. Ni tu mismo te creaste a ti mismo para reclamar nada previo. Sólo puedes saber para qué eres así. Naciste con una intención; ella es ese para qué.

En términos de utilidad para la vida de las personas, analizar el cómo te preguntas sobre lo que te importa o afecta será clave para el temido proceso de “toma de decisiones”. Precisamente por ese “temor” se suele llamar “valiente” a quien toma esas decisiones sin tener la respuesta, pero es incorrecto que esa sea la mejor opción, pues se deberá llamar inteligente (sin duda) a quien sí conozca la finalidad. Es más valiente saber para qué necesitas una respuesta que hacerte el héroe que se lanza por nada. El héroe es un falso valiente.

En la Real Academia de la Lengua Española se diferencia el por qué y el para qué con mucha claridad. “Por indica causa y para indica finalidad”, reza el ‘sanctasanctórum’ de nuestro idioma. Aquí tenemos la clave a tus preguntas personales. Origen y finalidad. ¿De qué te serviría saber la causa de algo si no puedes tomar decisiones sobre su fin? Aquí comienzan las nuevas cuestiones, mantienen los signos de interrogación al principio y al final pero su contenido debe ser otro.

Salimos del pozo y nos vamos a una estación de tren. Allí vemos llegar uno cualquiera. Imagínate a ti mismo preguntándote: “¿Por qué viene ese tren…?” ¿Qué esperas conseguir para ti si descubrieras esa casi imposible respuesta? Nada cambiaría, es una pregunta ridícula. Ahora bien, preguntemos así: “¿Para dónde va ese tren?” Ahí si tenemos un “rédito” a nuestro alcance, pues en función de su destino sería de nuestro interés o no. ¿Ves? Es absolutamente absurdo preguntarse por qué algo en tu vida: jamás habrá respuesta y, de haberla, no será útil.

Cambiemos de estación. Ahora estamos en la estación de tus trenes interiores. Imagínate que eres una persona que “se castiga” con asiduidad, quién no… El viejo modelo nos haría preguntarnos: “¿Por qué soy una persona insatisfecha?” Error. Lo correcto sería ¿Para qué soy una persona insatisfecha? ¿Qué buscas con esa sensación? ¿Qué esperas obtener con ello? ¿Para qué te haces eso? Siempre que sientas algo que no te gusta, pregúntate para qué lo haces…

Atrévete a preguntarte para qué te pasa algo, para qué te sientes así, para qué lo que sea tantas veces como has preguntado lo mismo pero con un “por qué” delante. Si lo reiteras con las nuevas palabras, tomarás consciencia de qué estás haciendo contigo, conmigo, con nosotros, con vosotros y con ellos. Todos.

Ahora mismo puedes comenzar con “eso” que tanto te preocupa… Quizá la luz de las respuestas abra nuevas vías para ti. El tren parte, sube.

Por qué no encuentras solución a tus problemas: ¿Te preguntas bien? es un interrogante que no hace al aire Miguel Ángel Blanco Martínez,


No hay comentarios:

Publicar un comentario