15.4.14

El amor de verdad es justamente lo contrario, algo que se comparte desde la plena consciencia y a corazón abierto, de ambos.

¿ENAMORARSE… O FALL IN LOVE?

Me gusta sentarme en alguna terraza y tomarme un humeante café y leer o escribir un rato. Pero de vez en cuando, mientras lo hago, miro las personas que hay a mi alrededor y trato de escuchar el tema de sus conversaciones, sin importarme los detalles. Y asombrado escucho a menudo charlas y risas frívolas un tanto etílicas e hiperhormonadas entre jóvenes teenagers, conversaciones reprochonas y cómplices entre mujeres criticando ciertas actitudes de sus respectivas parejas o simplemente lamentándose por sus relaciones amorosas fracasadas u observo el silencio poco cómplice de algunas parejas rutinarias, poco comunicativas y aburridas, que huyen del encuentro con sus respectivos smartphones y comparten su soledad en compañía…

Se diría que el tiempo no ha pasado. Las mismas conversaciones frívolas de antes y ciertos lamentos por lo pobres que son aún hoy las relaciones de pareja. Creía que el tiempo sanaría las relaciones más libres, igualitarias y maduras, ahora que las mujeres no tienen esa imperiosa necesidad de emparejarse a cualquier precio, como nuestras madres y abuelas hicieron en su vida. Pero veo que su concepto del amor de la mujer no ha cambiado apenas y muchas siguen aceptando que “estar en pareja” es un mal menor, pero necesario en nuestra sociedad aún demasiado machista. Lo que me sorprende, especialmente cuando también se da en chicas teenagers muy jóvenes que defienden su vida personal y su libertad de elegir, como sus tesoros más preciados…


Supongo que la educación es la culpable de que muchas mujeres de toda edad y condición aún se resignen ante el primer hombre que aparece en su vida y las seduzca. Será porque, como dicen algunos, el amor es ciego. Aunque a mí me gusta utilizar esa otra expresión anglosajona que expresa lo que para muchas mujeres significa estar enamoradas: fall in love. Nunca mejor dicho, “caer en el amor“, sobre todo porque demasiadas veces la mujer sacrifica su vida personal y supedita su propia felicidad para entregarse incondicionalmente a su hombre, presuntamente amado!

¿Será el amor el culpable de la desdicha femenina, en vez de su salvación y el sentido auténtico de nuestra vida como seres humanos?

Ni qué decir tiene que ese presunto enamoramiento ciego dura lo que dura, como todos los sueños, hasta el despertar. Posiblemente porque muchas veces las mujeres aman más el amor, que al hombre que eligen para amar. El amor es un ideal mayormente femenino, un sueño a ratos alcanzable, que yace en el corazón de toda mujer. El hombre para ciertas mujeres no es más que un objeto o una víctima propiciatoria para ejercitar el amor, no algo o alguien en sí mismo. La mujer necesita amar, hasta que descubre que también necesita ser amada… y despierta!

Como hombre de una cierta edad y madurez, reconozco que no fuimos educados para amar, quizás por eso nos cuesta tanto expresar nuestros sentimientos y compartirlos con nuestras compañeras de fatigas, las mujeres. Al hombre no se le educa para ser sensible y manifestar lo que siente, sino para ser firme, fuerte y autosuficiente. En fin, que durante demasiados años hicieron de nosotros unos castrados emocionales, con perdón. Y para superar esa obvia limitación, no queda más remedio que esforzarse en romper este karma perverso masculino, aprendiendo a confiar en las mujeres y pidiéndoles que nos enseñen aquello que mejor hacen ellas, que es manifestar sus sentimientos y compartirlos…

Pero estamos en un mundo dual, que vive de confrontar a los opuestos, nunca de armonizarlos y/o complementarlos. Guerra-paz, blanco-negro, rico-pobre, bueno-malo, mujer-hombre… qué más da la confrontación que sea. Así, nuestra vida amorosa se reduce a mantener ese complejo equilibrio entre el “tú” y el “yo”, o lo que es lo mismo, “tu ó yo”, como si de una pugna se tratase. Y, cuando no hay amor, así es, lamentablemente. Porque precisamente el amor verdadero propicia el “tú y yo“, en el que los opuestos egos desaparecen -o se diluyen- para formar algo mágico que suma más que dos personas singulares y diferentes, solo confrontadas permanentemente.

Una pareja sin amor es algo difícil o imposible de soportar, a no ser que estén enamorados… o sea, que no sean capaces de ver que falta amor en sus vidas. Demasiadas veces confundimos el amor con la entrega desmedida, incondicional y presuntamente eterna, pero ciego, ingenuo e inconsciente. Y el amor de verdad es justamente lo contrario, algo que se comparte desde la plena consciencia y a corazón abierto, de ambos. Si hay ceguera o inconsciencia, temor o incomunicación, no hay amor, sino necesidad del otro o de no estar solos, adicción al amor o solo conveniencia mutua consensuada…

Escrito por Miguel Benavent de B.    




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