25.5.15

De pronto, amanece un día en el que, sin esfuerzo alguno, se supera el obstáculo

SOLTAR LO QUE NOS ATA

Universo, dame serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar. Coraje para cambiar aquellas que sí puedo. Y sabiduría para reconocer la diferencia.

Si una parte de nuestra actual vida está tiranizada por alguna clase de dependencia y no vemos todavía la forma de resolver tal atadura, recordemos que el universo cuenta con depósitos de serenidad infinita para toda mente que lo precisa y convoca.

Si una parte de uno mismo se siente esclavizada por cualquier tipo de adicción, deberá aprender a encajar la consiguiente frustración una y mil veces, aceptando la desdicha pasajera. Y si uno cree “necesitar” una relación o sustancia que intoxica o bien una determinada conducta que nos deteriora, no dudemos y confiemos que un Principio de Orden Superior, proporcionará las circunstancias idóneas para liberarnos de la cadena.

Mientras tanto, indaguemos en la enseñanza de las luces y sombras que tales dependencias conllevan. Poco a poco comprobaremos que estamos tapando otras cosas a través de lo que nos ata.

Si uno se pregunta, “¿por qué arrastro esta cadena?” Tal vez intuya que todavía no es el tiempo de la respuesta. Tan sólo confiar y seguir adelante con esa “cruz a cuestas”, mientras algo cambia día a día en lo más hondo de la conciencia.


Nada es estéril, ni siquiera la conducta que uno critica y rechaza. El Universo se expande a formidables velocidades. Nada va hacia atrás, ni tan siquiera las aguas profundas de nuestro río, aunque, a veces, parezca que no avanzan. De pronto, llega un día en el que suena un teléfono, sucede un imprevisto o simplemente llaman a la puerta… Ha ocurrido algo extraordinario que altera el viejo orden. Se trata de algo que, con apariencia de inocente, revoluciona sutilmente todas las cosas. Ante estas circunstancias, uno siente llegado su momento. Sabe que ha tocado fondo. Ahora en su vida se borran viejos dibujos mientras algo nuevo nace y se reorienta.

De la misma forma le pasa al joven Río cuando fluye por vez primera. Sus aguas descienden de las montañas creando el cauce a su paso y buscando los senderos de menor resistencia. Pasado un tiempo en el que el Río está más crecido, sucede que tropieza con un pozo o simplemente llega hasta una hondonada de piedra. De pronto, siente que su marcha se detiene y que su avance e ilusiones se pierden y estancan. Pasan los días, mientras el Río aparentemente estancado, se vacía de sueños y de anhelos aceptando su vulgar destino, su rutina y la frustración de sentir que en su vida no pasa nada. Sin embargo, sin él saberlo, la fuerza vital de la corriente aumenta cada minuto hasta llegar al borde de la muralla. De pronto, amanece un día en el que, sin esfuerzo alguno, se supera el obstáculo y fácil, muy fácilmente y sin esfuerzo, todo refluye chispeante hacia nuevas tierras y experiencias. 

Los estancamientos son aparentes. La experiencia de esclavitud hacia sustancias, personas o acciones que nos dañan y destruyen, a menudo, también aportan otros beneficios ocultos de aprendizaje y consciencia.

Más tarde, la vida llama al Gran Cambio y nos implica en una revolución silenciosa. El recién nacido brota más lúcido ante la nueva vida que lo acoge y lo apoya.

Uno bien sabe que la conquista de la sabiduría señala un fluir sutil por el filo de la navaja. El que se levanta aún es más grande que el que no enfrentó la caída. Se trata de despertar el coraje cuando así la situación lo demanda.

En cualquier caso, somos totalmente inocentes de experimentar ataduras cuya razón y oscuro sentido aún no se revelan. Finalmente, el poder de lo global, a través de sus líneas sinuosas, conduce al discernimiento y al despertar de la conciencia.

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