UN MOMENTO PARA PERSEVERAR Y OTRO PARA RENDIRSE
Para
llegar al pueblo donde vivía su deudor, necesitaba atravesar un
ancho río, así que tuvo que recurrir a los servicios de un
barquero, que le cobró 5 florines.
Por
suerte, el comerciante pudo encontrar a su deudor y este le pagó lo
que le debía sin chistar. Feliz de regreso a casa, tuvo que volver
a atravesar el río, y pagarle al barquero.
Por
la noche noche, al poner la cabeza en la almohada, se dio cuenta de
que había invertido varias horas de su vida para reclamar una deuda
y al final, había terminado con las manos tan vacías como por la
mañana”.
Esta parábola
nos remite a las personas que persiguen obsesivamente una meta, sin
darse cuenta de que terminan descuidando asuntos mucho más
importantes y, lo que es aún peor, su empecinamiento puede causar
daño a ellos mismos o a los demás.








