La
carta robada es
un cuento de Edgar Allan Poe publicado en el año 1844.
La
carta en cuestión contiene información muy importante y se sabe que
está escondida en la casa del ladrón. La policía consigue ingresar
en secreto a la casa y la revisa íntegramente, pero sin poder
encontrarla. La búsqueda fue minuciosa, se revisaron absolutamente
todos los posibles escondites, aun los más insólitos, pero la carta
no pudo ser hallada.
La
policía entonces acude a Auguste Dupin, un personaje parecido a
Sherlock Holmes, Hércules Poirot y otros detectives similares
(aunque anterior a todos ellos), quien finalmente consigue encontrar
la carta en unos pocos minutos.
¿Dónde
estaba la carta? Estaba a la vista de todos, un poco arrugada, junto
con algunos papeles irrelevantes. El ladrón sabía que a veces la
mejor manera de ocultar algo es dejarlo en un lugar tan evidente que
a nadie se le ocurriría buscarlo ahí.
El
autor va más allá. Propone que cuanto más inteligente es el que
busca, es más probable que cometa el error de concentrarse en
revisar los lugares más extraños e inaccesibles, como hizo la
policía en este cuento, y pasar por alto los más simples y obvios.
Historia
de los dos que soñaron








