El
miedo existe como emoción porque nos es útil. Es
una emoción que nos acompaña desde que nacemos para asegurar
nuestra supervivencia en contextos reales.
Sin
embargo, hoy no residimos en medio de un bosque junto con otros
potenciales depredadores. En realidad, buena
parte de los elementos que nos generan miedo en la actualidad no
constituyen una amenaza o,
al menos, una amenaza de la que podamos escapar corriendo. Hoy
hablaremos de uno de estos miedos familiares: el miedo a dar el
salto.
Como
bien dice María Dolores Pérez en su estudio El
miedo y sus trastornos en la infancia. Prevención e intervención
educativa “el
miedo es una respuesta normal ante peligros o amenazas reales, que
puede convertirse en desadaptativo cuando ocurre en situaciones que
han dejado de ser peligrosas, aunque lo hubieran sido en el pasado”.
Por
lo tanto, el
miedo se vuelve desadaptativo cuando,
en lugar de “salvarnos” de una situación potencialmente
peligrosa, nos
bloquea en circunstancias en las que no hay nada que temer.
Pensemos en quienes tienen miedo
a hablar en público.
¿Está su vida en peligro? ¿Corren algún riesgo de morir? La
verdad es que no, sin embargo, su cuerpo reacciona.
Cuando
el miedo nos impide crecer








