Por
lo general damos demasiada importancia a pensamientos, creencias,
reglas y costumbres que no lo son tanto. Todas ellas son subjetivas
y dependen de las épocas, los tiempos históricos en los que nos
hallemos, las culturas o la propia forma en que nos han educado.
Lo peor de
todo es que nosotros las convertimos en auténticas leyes que no se
nos ocurre ni cuestionar. Pero debemos tomar conciencia que
evidentemente todo es relativo.
A veces,
recriminamos a los demás detalles sin importancia, nos enconamos
con procedimientos sin valor, batallamos por defender “lo
indefendible” y dejamos de lado lo fundamental que ni siquiera
logramos advertir.
Y
cuando llega uno de esos días en que estas como metido hacia dentro
y reflexionas a solas tomas conciencia que entre lo que está bien y
está mal hay todo un abanico de posibilidades y te das cuenta que:








