No
crees en ti. Por más que la gente te diga lo mucho que vales, no lo
notas, no te llega ese calor, esa especie de emoción que sientes
cuando ves a otras personas que consideras admirables.
No
crees en ti a pesar de tus logros, tus metas, tus resultados, tu
aprendizaje… No importa, no hay nada que importe. No te llegan los
aplausos, ni los piropos, ni los halagos sinceros, ni las
recomendaciones de personas que para ti cuentan.
Tu
cabeza le da mil vueltas y te aprueba, te da incluso nota porque
últimamente has trabajado mucho, has comido sano y has hecho
deporte… Porque eres de esas personas que escuchan y tienes buenos
amigos. Porque cuidas de las personas a las que amas… Porque
empezaste de cero y has conseguido construir un pequeño imperio…
Miras
atrás y ves un camino largo, inmenso, repleto de situaciones y
emociones… Un camino de renuncias a muchas cosas para no desviarte
de lo que importa… De lo que siempre has creído que importa, de
tus objetivos, tus sueños, tu profesión, tus metas en casa y fuera
de ella. Tus ojos se pierden en los libros que has leído, las
calificaciones obtenidas en decenas de cursos que te han capacitado
para más y en los que has aprendido mucho… En las experiencias que
has vivido y que te han marcado.








