23.2.15

Lo realmente importante será el camino hacia la meta y no la meta en sí misma.

CONSTRUIR PARA SER FELICES

Muchas veces la felicidad que deberíamos sentir por algo positivo que nos sucede queda empañada por el sentimiento de tristeza que experimenta quién le ha tocado el otro lado de la moneda.
Vivir el presente
La felicidad parece algo efímero, intangible y, muchas veces inalcanzable, pero en realidad es algo que se construye, como una casa, desde los cimientos hacia arriba. Un modo de edificarla es aprender a vivir el momento presente. El futuro es incierto, nunca sabemos qué puede pasar en la próxima hora y el pasado es algo a lo que no podemos volver, pero sí aprender de él. Así, un modo de construir la felicidad es vivir este momento y estar contentos con lo que tenemos y con lo que somos hoy. Esto no significa que no tengamos ambiciones y que debamos ser conformistas. Eso tampoco nos hará felices.
Disfrutar del camino
Mucha gente piensa "seré feliz cuando tenga esto o aquello" y cuando lo consigue, sigue buscando otra cosa para poder ser feliz porque eso que consiguió ya no le satisface. Aunque no seamos conscientes cuando estamos en el camino, la felicidad en la meta suele ser extraordinariamente efímera si la comparamos con la infelicidad con la que a veces cargamos para llegar a ella.
 
Una buena alternativa al anhelo de la felicidad futura es el cultivo de la felicidad en el ahora. Así, lo realmente importante será el camino hacia la meta y no la meta en sí misma. El disfrute de cada paso que demos nos ayudará a conocernos mejor y a comprender el verdadero valor que guardamos en nuestro interior. Es como la búsqueda del tesoro, hay que encontrarlo.


Podemos decir que el camino a la felicidad no es fácil, pero sí es posible, construyendo un poco cada día. Vivir el momento presente y aprender a disfrutar del camino hacia el objetivo que nos marquemos son dos formas de comenzar a construirla. Existen muchas más y cada uno encontrará un modo particular 
de vivir en felicidad. Lo importante es que no pongamos excesivamente el foco de nuestra atención en el futuro (lo que no significa que no lo tengamos que tener en cuenta, el presente puede ser la base tanto de un buen futuro como de un mal futuro) y no nos castiguemos con los errores del pasado. Estos errores sólo contribuirán a nuestra felicidad si en nuestra memoria quedan como un aprendizaje justo, por el que hemos pagado el precio de sus consecuencias.

El futuro positivo llegará sólo de la mano de un buen presente y así seremos felices hoy (no cuando tengamos tal o cual cosa o cuando me asciendan en el trabajo). Hoy es el día para ser felices y vale la pena intentarlo.


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