19.11.15

Creo en el poder de elegir y en la conveniencia de equivocarnos.

COMO ELEGIR LA ELECCIÓN CORRECTA

Todos nacemos con el mismo desconocimiento inicial y dicho conocimiento es una parte del aprendizaje que venimos a realizar

Que no es otro que saber comprender, aceptar e integrar los cambios que la vida va trayendo desde que pasamos de la comodidad del nido familiar a la dureza de la vida, en diferentes grados, sobre todo cuando son otros seres humanos, quienes tienen que valorarnos y exigirnos.

Hemos aprendido lentamente, unas veces, y de golpe, otras, pero en cualquier caso con caídas y tropezones de los que no se nos ha olvidado su profundidad y textura. La dulce inocencia con la que comenzamos nuestros primeros pasos se va perdiendo en el camino mientras vamos poniendo alas a nuestra alma, pero sobre todo cuando colgamos nuestros afectos y emociones en el corazón de los demás.

Siempre tenemos la posibilidad de elegir (no olvidemos que la última decisión de cómo nos afectan las cosas siempre es nuestra). Esa lección también se va gravando en nuestro modelo de comportamiento. Poco a poco y con el tiempo, nos damos cuenta de que no podemos dejar de sentir los afectos que nos invaden al encontrarnos y relacionarnos con otras personas pero sí aprender a gestionar las emociones que nos hacen sentir y sobre todo a colocarlas dentro de nosotros en el lugar adecuado.


Quiero pensar que los condicionamientos que parecen limitarnos pueden ser transformados por la fuerza de la voluntad (que es el motor del espíritu), por la confianza en nosotros mismos y por el conocimiento de lo que somos desde siempre y en lo que podemos ser a cada instante. Quiero intuir una forma de serenarnos que mora en nosotros y está a nuestro favor siempre. Un don que nace con nuestra persona y evoluciona siempre hacia la mejora cuando se ejercita: el saber reconducir lo que duele encontrando en ello el mejor mensaje que nos ayude, que formara parte de nuestro conocimiento.

Si no pudiésemos elegir, la vida no tendría sentido. Perdería su frescura. 
El libre albedrío es el don del ser humano más preciado con el que todos nacemos 
y que tanto nos cuesta ejercer.

Es la posibilidad de equivocarnos lo que nos va a permitir saborear los laureles del éxito cuando toque. Es, precisamente, la sensación de dudar entre varios caminos, varias posibilidades, lo que somete al corazón a un aprendizaje constante con el cual siempre se mantendrá joven.

Las seguridades excesivas siempre están ligadas al cansancio. 
Uno no quiere riesgos cuando no quiere ganar nada, ni tampoco perderlo.

Con el tiempo, nos vamos dando cuenta de que lo peor es caer en un estado plano en el que todo de igual, nada importe en exceso y la vida adquiera un tono indefinido en el que si no se ve mucho, tampoco está oscuro del todo, con la gravedad que si mantenemos durante mucho tiempo esa actitud acabaremos viviendo una vida monótona y lo que es aún peor una vida sin ilusión.

Se dice que en el medio está la virtud pero no es del todo cierto cuando lo que está en juego es el envejecimiento del alma. Porque en definitiva, lo importante no es lo que nos prometemos a nosotros mismos, sino lo que cumplimos de ello. Eso es lo que nos hace verdaderamente poderosos.

Una vez más creo en el poder de elegir y en la conveniencia de equivocarnos. 
Una vez más, apuesto por la vida de sabor de menta, de olor a hierba recién cortada 
y del color del arco iris.

Una vez más me digo a mi mismo que he venido aquí para experimentar y aprender 
y que eso siempre conlleva un riesgo, la duda de si podremos o no, realizar nuestros proyectos, deseos y anhelos. y no lo duden….Se puede…siempre se puede… basta con querer…


No hay comentarios:

Publicar un comentario