17.11.15

Tomar un sorbo de felicidad de vez en cuando para resistir la vida, para hacer de ella la magnífica experiencia que es.

ALCANZAR LA SERENIDAD

A veces, llegamos a la conclusión de que lo más importante es estar en paz con uno mismo. Alcanzar la serenidad no es fácil. En realidad es un auténtico reto para la mayoría de las personas y como dificultad añadida está el ritmo frenético que nos ponemos en la vida.

Cuando estamos inmersos en la vorágine del día a día, cuando esperamos que pase el tiempo deprisa para tener tiempo libre, cuando sufrimos una y otra vez las incongruencias de vivir sentados en un coche con el que vamos al gimnasio, para quemar las calorías de lo que no hemos andado o echamos sacarina al café después de comer la tarta, todo se ha descentralizado. Habría que retomar la calma.

Nos devora la prisa. Nos angustia el mañana por el que no vivimos el hoy y nos aterra el paso del tiempo por nuestro cuerpo y no por nuestra mente, cuando en realidad la juventud del pensamiento es el antídoto de la edad.

Vivimos contra reloj y eso se nota hasta en la forma de movernos, en la de hablar y hasta en la de escuchar.

Nadie escucha a lo sumo oye y encima dentro de lo que oye no oye lo que le dicen sino lo que quiere oír (porque es más cómodo). Lo primero que deseamos hacer es soltar lo nuestro.


Antes de nada, cuando alguien viene a contarnos algún problema, respondemos con rapidez con el nuestro, porque pensamos que lo importante, lo que tiene valor es lo que nos sucede a nosotros, lo de los demás es como menos importante y nos solemos atrever a decir “no me cuentes nada, que bastante tengo yo con lo mío”.

Hemos perdido la capacidad de escucha, la comprensión, pero también la actitud de poder consolar a quien nos habla, es decir nos guste o no, nos estamos des-humanizando lentamente y claro así nos va.

Sería un logro inconmensurable poder ralentizar el tiempo interno. Pensar que nada se pierde por ir más lentos, que todo espera de igual forma, que lo que tiene que suceder sucederá y que nuestra calma será un seguro de vida para nuestra salud psico-emocional, tendemos a priorizar lo urgente en vez de lo importante y nos olvidamos de esa escala de valores que nos dice: “primero están las personas que las cosas”.

Necesariamente lo que nos gusta nos espera siempre. Los libros, la música, los paseos, las tardes de descanso, las siestas reparadoras, las caricias, los besos y los abrazos…son en realidad lo que nos serena, lo que pone en nuestra mente, que no para, un punto y aparte.

Dedicarnos a nosotros mismos, a quien amamos, a lo que nos gusta y buscar un espacio para ellos, debería ser una obligación natural cada día. 

Tomar, en definitiva, un sorbo de felicidad de vez en cuando para resistir la vida, para hacer de ella la magnífica experiencia que es.

Si lo logramos, si ponemos serenidad en nuestra vida, estaremos delante de otra clave de la felicidad y ya sabemos que la felicidad es expansiva y acaba impregnando a los que tenemos más cerca de nosotros, así que anímense merece la pena intentarlo.




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