28.7.17

Los cambios que son necesarios, son necesarios. Este es el resumen.

¿POR QUÉ APLAZO LOS CAMBIOS NECESARIOS?


Esta es una pregunta que nos tenemos que hacer casi todos, porque casi todos –yo incluido- aplazamos en numerosas ocasiones el momento de hacer ciertos cambios que sabemos que son importantes, convenientes, imprescindibles, casi vitales, pero…
Pero nos entra una especie de pereza que es la suma de otras cosas: nuestra variabilidad, la inconstancia, algunas dudas, cierta desconfianza en uno mismo y en las propias capacidades, miedo, falta de decisión, excesiva precaución…
Uno puede ser consciente de todo lo citado al mismo tiempo que también es consciente de que tiene que tomar decisiones para hacer los cambios necesarios, y que tiene que poner esas decisiones en práctica y llevarlas adelante, pero…
Comprobado: cada vez que aparece un “pero”, siempre es una excusa, así que, sabiendo que es una excusa, lo mejor es imponerse un plazo, preferiblemente corto, para tomar la decisión correspondiente y hacerla efectiva.
Cada uno tiene que responsabilizarse de su vida y sus decisiones, y no es adecuado dejar que pase el tiempo, que sean los otros quienes la tomen, o que se tomen por sí mismas, porque eso implica una desatención imperdonable a la responsabilidad sobre la propia vida, y lo que se busca con ello –aunque uno no se dé cuenta- es tener algo o alguien a quien culpabilizar en caso de que no salga bien. Si uno no toma la decisión, es el paso del tiempo, o son los otros, los responsables de que no haya salido bien, y uno se des-culpabiliza aunque eso implique asumir el papel de “víctima de un destino cruel que se ha vuelto contra uno”.

Y eso es mentira. 
Uno tiene que asumir sus obligaciones y cumplir con el encargo que nos hacen cuando nos entregan la vida: “Haz de tu vida una vida de la que puedas sentirte satisfecho”. (Y aún mejor si tu vida se puede convertir en algún aspecto en un modelo a imitar).
Cuando se produce una necesidad de cambio es, evidentemente, debido a la insatisfacción con la situación actual. Se quiere cambiar porque no se quiere seguir como se está en ese momento.

A
los motivos que nos hacen aplazar la toma de decisiones de cambio hay que añadir los motivos particulares, esos que los otros no comprenden pero que a uno le atenazan e imposibilitan.
Los complejos afectan y sujetan; el terror a equivocarse -porque se sabe que tras las equivocaciones se desencadena un proceso de recriminaciones y enfado con uno mismo- es otro de esos paralizantes graves; el hecho de tener que renunciar a otras opciones cuando uno ya se decanta -por fin- por una también es un freno potente; la inseguridad detiene continuamente las tomas de decisiones.
Los cambios reclaman realizarse, y nuestro yo más consciente se da cuenta de la necesidad y la importancia de hacerlos, pero…
Pero cada día encuentra una excusa lo suficientemente convincente como para aplazarlo, y esa excusa es útil durante un poco de tiempo, porque enseguida aparece la conciencia para recordar lo que hay que hacer, y eso le enzarza a uno en un debate en el que los sentimientos y la mente pelean argumentando sus razones propias que, siempre, resultan injustificables por el otro.
Los cambios que son necesarios, son necesarios. Este es el resumen.
Y si hay que hacerlos, hay que hacerlos.
Porque esos cambios que gritan desde el fondo su necesidad de realizarse salen de nuestras entrañas, de lo sabio que nos habita, de quien se da cuenta realmente de qué es bueno para nuestro bien, y por ello nos empuja a hacerlos.
Escuchémosles. Escuchémonos.
Cuando hayamos realizado esos cambios imprescindibles seremos nosotros los principales beneficiados.

Adelante. Atrévete. Hazlos.

Francisco de Sales - buscandome.es
Procrastinar: Postergar la toma de una decisión para ver si el destino, las circunstancias, el azar u otra persona toman la decisión por ti. 



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