24.1.19

Para ser quien realmente somos hace falta que dejemos morir lo que no somos


SÓLO EN CASO DE EMERGENCIA

Hay un compromiso más grande que el de seguir adelante pase lo que pase.  Que ya sé que es mucho y que cuesta… Pero ahora hablo de algo todavía más grande, más inmenso e inevitablemente eterno… Un compromiso más grande que el de seguir en pie o incluso vivir… Es un compromiso con la calidad de esa vida y todo lo que aportas y eres. No se trata de tragar días y comerse la vida como si fuera un aperitivo, se trata de notarla y comprenderla, sentirla hasta el extremo de que te cambia por dentro a cada momento si lo que sientes te rompe o te rasga el alma…

Seguir adelante no lo justifica todo, no lo invade todo, no lo soporta todo… Hablo de un compromiso contigo, con tu dignidad y tu sombra, con todo lo que eres y lo que aspiras a sobrevolar y a ser porque lo reconoces dentro de ti y te da alas, porque lo intuyes y te da fuerza… Hablo de no venderte las ganas por el pan ni recortarte las alas por si a otros no les gustan, por si no les complace verte volar mientras brillas…

Hablo de levantarte cada día y existirte hasta las últimas consecuencias, aunque cueste, aunque no veas nada, aunque todavía no sepas a dónde te lleva el camino que has emprendido pero algo te diga que es ese, sin saber por qué.   Hablo de ser tú y adaptarte a la vida pero siempre sin renunciar a ti. Que lo que pasa te sirva para sacar lo que nunca sacarías a luz, sólo en caso de emergencia… 


Lo mejor de ti, eso que a veces te asusta porque te reafirma, porque no sabes si gusta, porque temes que se pase de largo o se quede corto, porque nunca antes te has atrevido a mostrar y no tienes ni idea qué cara van a poner cuando lo vean…

Eso que eres y haces y sientes que está en ti, oculto y guardado, esperando a que el valor te permita mostrarlo. Eso que es tu versión sin miedo, sin prisa, sin recortes, sin esperar nada del mundo, sin querer dejar bocas abiertas ni medallas, sin premios, sin miradas de aprobación ni más recompensa que la de saber que finalmente lo has hecho. Que ya eres, que ya eras pero no ejercías de tí.

Porque tu brillo no deslumbra, ilumina. Nadie nos molesta ni nos hace sombra, sencillamente somos y nos relacionamos unos con otros. Algunos esperamos siglos para sentirnos aceptados, hasta que un día descubrimos que no había nada que esperar y que todos los interruptores estaban a nuestro alcance.

Hay algo en ti maravilloso, extraño, inevitable. Algo que surge cuando todo lo demás se acaba… Algo que brilla cuando todas las propuestas mediocres han fracasado y demostrado que el único camino es el de vuelta a ti, que lo que faltaba era reconocerse y no encontrar nada ahí afuera… El mundo está lleno de pistas para encontrar el tesoro más grande jamás soñado… La vida es el mapa y el tesoro eres tú. Todo vuelve a ti, todo lleva a topar de nuevo contigo después de pasar años buscando esas respuestas… 

Hay un compromiso más grande que el de buscar y seguir, es el de reconocer que ya has llegado. Que antes de salir de ti para surcar el mundo ya lo tenías todo. Que el plan de vuelo está en ti, que nada de lo que vas a encontrar en el camino te será útil si no lo miras con los ojos del que se siente capaz y digno.

Hay un compromiso enorme e ineludible contigo. Ahora y dentro de cien años. Llegará y tendrás que asumirlo tarde o temprano… Cuanto más tardes, más dolor y sufrimiento, más golpes, más arañazos… Aunque son necesarios, a veces, porque aprendemos rebotando contra las paredes después de fingir que no están ahí. Porque aprendemos tropezando con la misma piedra, culpando al camino. Porque aprendemos repitiendo las mismas decepciones y diciendo que son los demás siempre los que se obstinan en amargarnos. Y ellos están y hacen y son responsables de lo que son y lo que hacen pero podemos aprender a con el tiempo a reconocerlos y reconocernos…

Hay un compromiso eterno y está en ti y es para ti. Un click que se activa cuando después de mil intentos todo falla, todo estalla ahí afuera, todo salta por los aires en tu vida y entonces ves claro que hay que activar el botón previsto sólo en caso de emergencia… Que era necesario que todas las puertas se cerraran para que te dieras cuenta que sólo hay una que importa y siempre debe estar abierta… Que tú eres el salvavidas, el mar abierto, el mejor amigo que te escucha, la mano tendida que buscas, la llave de todo… Que todo este proceso difícil y doloroso era en realidad como el del gusano que perdido y desesperado construye una crisálida y empieza a cambiar… Y no sabe quién es ahora, no sabe qué pasa, pero al final, se da cuenta de que va a volar… Y vuela. 

Nos resistimos a ello, pero no hay otro modo. Nos resistimos y con nuestra resistencia hacemos que sea cada vez más enorme ese dolor, esa frustración, esa necesidad de regresar a nosotros… Hacemos que el regreso requiera un salto más grande, que la confianza para que llevarlo a cabo sea más y más necesaria… Que el abismo ante nosotros por no hacerlo sea cada vez más gigante.

Lo que pasa es que para llegar a ese punto hace falta soltar, dejar morir lo que somos ahora y dejarnos llevar por esta transformación…

Para ser quienes realmente somos hace falta que dejemos morir lo que no somos.

Hace falta renunciar a lo que os estorba y nos ancla a lo que no deseamos, a lo que nos hace retroceder y nos quita la energía y las ganas. Abrirnos en canal y estar dispuestos a todo para ser lo que realmente somos y amarnos como merecemos. A veces, sólo estamos dispuestos a cambiar cuando ya no hay más remedio pero debemos comprender que al final no habrá más remedio que cambiar.

A veces, sólo estamos dispuestos a amarnos y aceptarnos cuando no nos queda más remedio y tenemos que reconocer nuestro valor para no sucumbir, para no perecer ahogados bajo la capa de desprecio con la que nosotros mismos nos hemos cubierto… Cuando tocamos fondo y no queda nada, nada más que tú…

Podemos poner en marcha el mecanismo justo ahora, en este momento, y apretar el botón de sólo en caso de emergencia” o seguir viviendo como zombies más tiempo hasta que la desesperación más absoluta nos muestre que somos todo lo que estamos esperando… Podemos resistirnos cuanto deseemos, pero pasará, cambiaremos, viviremos lo que realmente somos… Estamos destinados a volar.  Es inevitable… 

Mercè Roura

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